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La cuenta (una parodia, no oficial) de Twitter de Frank Underwood (aquel genial personaje de la serie "House of Cards") le envió un mensaje al ex presidente Alejandro Toledo: "Qué desperdicio de talento… escoger el dinero sobre el poder (un error que casi todos cometen)". Es verdad: para un verdadero animal político, el poder lo es todo y todo se debe rebajar ante él.

Si Frank Underwood viniera de vacaciones al Perú, se iría enfurecido. Sobre nuestra clase política, más que seguro, pensaría: "¡qué novatos!", para añadir "¿es en serio?, ¿nadie más ve los enormes espacios dejados por esta clase política poco profesional, irresponsable y barata?". Y es que, para cualquier analista político, los escenarios están abiertos para quien quiera tomar el poder por las astas (y, dada nuestra precariedad institucional, quedarse con él si le provoca, como Correa en Ecuador o Morales en Bolivia).

Miremos, si no, la actual coyuntura: casi toda la clase política tradicional está en crisis, de una u otra manera: los líderes en discusión, los partidos a la deriva. El presidente no es claro, ni quiere serlo. La lideresa del fujimorismo, uno de los pocos líderes que no se encuentra directamente sacudido, desaprovecha la oportunidad para llenar el vacío. Por otro lado, dos antiguos colaboradores del humalismo –nada menos– son los que tiran piedras a las lunas: Julio Guzmán, por Twitter, y Verónika Mendoza, llamando a una marcha. ¿Alguien dice algo? Silencio.

La coyuntura es perfecta para que alguien se anime a tomar la iniciativa; los costos son relativamente bajos, las banderas de lucha son claras, la demanda de la población por liderazgo es inmensa. ¿Y? ¿Nadie?

Si el espacio no lo llena un grupo político con algo de experiencia, lo tomará finalmente (porque alguien lo hará, de eso no hay duda) un oportunista, uno de esos mercachifles de ideas populistas que siempre sobran. O sea, una penosa repetición de nuestra historia reciente.