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Desastres como el que vivimos, en estas semanas, nos recuerdan nuestra cruda realidad. ¿Pudo ser distinto? Por supuesto. Si uno revisa la historia reciente de los países ricos y pobres, encontrará que las diferencias se producen, sobre todo, en los últimos 100 a 150 años.

No necesariamente son ricos, hoy, aquellos que lo eran ayer; tampoco es un resultado inevitable de las condiciones y riquezas naturales. Y aunque nos encantaría sostener que las diferencias se encuentran en el peso del Estado, o en la educación, o en la promoción de infraestructura masiva (todas aquellas soluciones que bien podríamos llamar "balas de plata"), el desarrollo es el resultado de un complejo conjunto de condiciones que dependen, la gran parte de ellas, de decisiones tomadas a lo largo de años y combinadas de tal manera que extraen la mayor productividad y eficiencia del agregado, más allá de las condiciones naturales e institucionales.

En resumen, el desarrollo es el resultado de un complejo algoritmo (en sentido estricto) que extrae de manera eficiente el mayor output posible del proceso productivo. Esto, por supuesto, tomando en consideración los cambios y ajustes que se van dando a lo largo de nuestra historia; acuerdos de tipo cultural o ambiental, por ejemplo.

El porqué el Perú de hoy es un Estado de ingresos medios pero con grandes disparidades en la calidad de vida de sus ciudadanos es casi inevitable si miramos la estructura político-económico de la segunda mitad del siglo XX, la precariedad institucional histórica, el poco interés de las élites en participar de una manera más activa en los momentos cruciales, y así. Es una mezcla de malas ideas formadas a lo largo de una dependencia al sendero establecido, sumado a una casta política y empresarial interesada en resolver sus problemas particulares.

Todo eso puede cambiar, por supuesto. A ello es que nos referimos cuando hablamos de "reformas", a cambiar esas estructuras prevalecientes. Pero siempre se cruza un imponderable, un gobernante turbio, o torpe, una crisis financiera o climática, y así. No perdamos esto de vista cuando acaben las lluvias.