Jóvenes al filo del abismo.
Jóvenes al filo del abismo.

Yo no sé si el tipo es bueno o malo / Solo sé que le tocó perder // En el cielo está Dios, soberano / En la tierra, la orden del cartel… El informe que Perú21 publicara ayer le devuelve actualidad a uno de los últimos hits que dejó la ilustre carrera del panameño Rubén Blades, ‘Sicarios’. No solo la música, la literatura latinoamericana también ha explorado esta práctica criminal que involucra sobre todo a jóvenes y adolescentes en el continente, y quizás La virgen de los sicarios, novela del colombiano Fernando Vallejo, sea su expresión más depurada y dramática.

Las ficciones de la literatura y la música, como sabemos, también se alimentan de la realidad, y el sicariato se ha convertido ya en parte de la cotidianeidad de los peruanos: no pasa un día sin que los medios dejen de traer infaustos titulares sobre asesinatos o intentos de asesinato cometidos por menores de edad, sea por encargo de bandas de mayor envergadura o como ajuste de cuentas entre pandillas. El uso de armas es generalizado entre estos chicos, que, pese a su corta edad, en su mayoría cuentan con sendas requisitorias e ingresos y salidas de Maranguita, como quien se aloja en un hotel para aprender nuevas técnicas delictivas.

Así, aquello que, según especialistas entrevistados, comienza en la adolescencia con el arrebato de celulares en la vía pública no tarda en escalar hasta el homicidio, previo paso por la deserción escolar y el enrolamiento en el pandillaje. Como cuenta uno de estos jóvenes, “ganarse el respeto” en estas bandas pasa por asesinar a personas que les resultan desconocidas, recibiendo pagos que, en esa etapa, y según la dificultad, oscilan entre los tres mil y diez mil soles. Los ajustes de cuentas entre estas pandillas, que se pelean los “contratos”, han llegado hasta horrendos descuartizamientos, como el acaecido en San Martín de Porres hace poco más de un mes.

Casi 300 víctimas entre 2015 y 2017, sin contar los dos últimos años, son cifras, pues, de escándalo y demandan un cuidadoso escrutinio de autoridades y expertos para desarrollar urgentes políticas multisectoriales que aborden este lastre social, que tiene su origen en la economía y las falencias de la educación pública, sí, pero no se limita a ellas, ni mucho menos al endurecimiento de políticas carcelarias o a tan apuradas como efímeras mejoras en la seguridad urbana.

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