(AFP)
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Por: José Rodríguez Elizondo

Analista político, jurista y periodista chileno

Hay motivos para celebrar en Chile. Lo digo yo, que siempre consideré que la convocatoria a un plebiscito y la iniciación de un proceso constituyente eran una especie de escapismo frente a una crisis política, económica y social. Pero, una vez producido el fenómeno, mi primera sorpresa es que hubo una votación masiva equivalente a la de la última elección presidencial. Toda esa gente que estaba con miedo al contagio hizo de tripas corazón y concurrió a votar. ¿Por qué? Se sentían democráticamente impotentes frente a la situación insurreccional que estaba manifestándose mediante la violencia y el vandalismo.

Este proceso requiere que los políticos del sistema activo se den cuenta de que ya pasó la hora de las rencillas pequeñas para unir fuerzas con respecto a una cosa que es superior a todos los partidos: la defensa del sistema que les permite actuar libremente. Un político que no defiende la paz se está disparando a los pies.

He puesto mucha de mi esperanza, como chileno y demócrata, en que el plebiscito nos sacuda. No todos los jóvenes están por destruir.

Por otro lado, no tengo un optimismo bobo; sé que lo que viene va a ser difícil, pero yo critico desde mi conocimiento y experiencia a quienes prefieren mantener escrito en piedra un modelo económico que ya no existe (el de los Chicago Boys). Defenderlo a ultranza y creer que con un gobierno democrático va a llegar el terrorismo económico es muy grave. Hoy día no existe alternativa a un sistema de capitalismo con sentido social.

Visualizo también las posibilidades, que pueden ser horrendas, si fracasa este proceso. Muchos decimos en Chile que esta es la última oportunidad para la democracia. Si esto fracasa, lo que viene es la violencia. La gente que fue a votar lo hizo porque no estaba a favor de la violencia. La lucha por la paz dentro de la democracia es urgente en Chile.