Julio Velarde, presidente del BCR, junto a Waldo Mendoza, exministro de Economía, participaron en el Perumin 35. (Foto: Perumin).
Julio Velarde, presidente del BCR, junto a Waldo Mendoza, exministro de Economía, participaron en el Perumin 35. (Foto: Perumin).

La , organizada por el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (INMP) en la maravillosa ciudad de , a la que tuvimos la oportunidad de asistir, ha congregado empresarios, inversionistas, miembros de organismos internacionales, representantes de diversos países que comparten el mismo rubro, y también público en general, periodistas, líderes de opinión y diversos sectores sociales, cuya imponente presencia parece decirles a quienes van en línea contraria al desarrollo de los pueblos ‘Aquí estamos a pesar de todo, no nos rendimos, sacaremos adelante al país’.

La valía del evento no solo está en los productos y servicios que se ofertan mostrando las nuevas tendencias en maquinarias y de la tecnología de punta que reduce el impacto negativo en el medio ambiente, sino también en la exposición de los testimonios de los CEO de otros países como Canadá o Australia, por ejemplo, quienes nos revelan las estrategias utilizadas hoy en día para acercar cada vez más a los comuneros, indígenas y la sociedad en su conjunto a la minería y la agricultura. Ha sido impresionante y aleccionador escuchar el incesante trabajo de quienes hoy son responsables de la actividad minera en otros países, y cómo vienen logrando el acercamiento estratégico entre todos.

Sin embargo, en nuestro país aún tenemos operadores ideológicos y políticos (incluyendo los de carácter criminal) que tratan de socavar los esfuerzos de las empresas mineras para mejorar el relacionamiento ciudadano, infiltrándose en las organizaciones sociales para promover una narrativa de odio contra la actividad minera, e instigando el espíritu extorsivo en algunos que quisieran obtener todo con el menor esfuerzo todo el tiempo. El país ya ha perdido ingentes divisas por estos juegos del odio.

Ha sido interesante, además, apreciar que, contrariamente a lo que los opositores intentan argumentar, el sector minero tiene como agenda el desarrollo social y el favorecimiento a las comunidades de la mano con el Estado y con la empresa privada. Esa relación sana no se debe romper por los apetitos ocultos de quienes viven y trafican con la pobreza.

Arequipa vive la fiesta minera exponiendo su cultura, costumbres, la culinaria y la calidez de su gente, como una forma de mitigar la crisis económica y social en la que nos ha puesto un gobierno evidentemente antiminero. Gracias, Arequipa; gracias, Perumin 35, por darles esperanzas a los peruanos de que todo es posible si nos unimos, si nos concentramos en lo que coincidimos y no en lo que nos diferencia. ¡Sí se puede!

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