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Jorobita

“Luchar con ellas es también el homenaje de gratitud que debemos a cada una de las mujeres, por estar siempre, por no irse nunca”.

Día de la Mujer en Pakistán

Mujeres marchan con pancartas durante el Día Internacional de la Mujer, celebrado en Karachi (Pakistán). (EFE)

Jorobita. (EFE)

César Luna Victoria
César Luna Victoria

Un ángel atrevido preguntó: ¿Señor, por qué estás descansando? He creado a la mujer, contestó. Ella tendrá el poder de continuar la creación. Así nacimos todos. Entonces, un brindis por ellas. Por Eva y Mama Ocllo, que fueron las primeras. Por María, que es bendita entre todas. Por la otra María, la Magdalena, que amó más que ninguna. Por Hipatía, la alejandrina, que matamos porque sabía más y enseñaba mejor. Por Juana, la francesa, que quemamos por bruja al no entender su valentía. Por Isabel, la castellana, que se empeñó en incluirnos en evangelio e igualdad. Por Beatriz y Dulcinea, que siguen inspirando las epopeyas de Dante y don Quijote. Por Themis, para que regrese como Justicia. Por doña Inés, que aún sufre los acosos de don Juan.

Por Micaela, que transformó una revuelta en gesta emancipadora. Por nuestras rabonas, que aliviaron las derrotas de la guerra. Por las madres de los comedores populares, que nos alimentaron en carestía. Por María Elena, cuyo coraje enfrentó al terrorismo. Por las que hacen patria desde la ciencia, el magisterio, el arte, la cultura, la profesión y los oficios. Por Evangelina, que resucitó del barro de los huaicos. Por las que atraviesan arenales, suben cerros, cruzan ríos y trozan selvas. Por las que cuidan hijos ajenos. Por las que nos han dado la vida. Gratitud eterna.

Por eso, no entiendo la discriminación contra las mujeres, ni la mezquindad contra sus derechos, ni el sabotaje contra sus oportunidades. La hipótesis es que las diferencias biológicas determinan que las hembras dependan de los machos para alimentarse en periodos de gestación y cuidado de crías. Pero hay sociedades en las que las hembras desarrollan redes de protección y autoridad, marginando a los machos, como en el caso de los elefantes, según relata Harari. De modo tal que la opción de una sociedad patriarcal machista no tiene sustento biológico. Podríamos estar viviendo ahora en una sociedad matriarcal feminista.

Queda entonces el mito, que alimenta derechos y religiones. En el siglo XVIII, por ejemplo, las constituciones incorporaban declaraciones de derechos humanos y, al mismo tiempo, regulaban la esclavitud sin sonrojarse. Parecía natural. Sospecho que, en esto de las mujeres, nos pasa lo mismo. Por eso, la paridad que reclaman no es una lucha cualquiera. Es para despojarnos de viejos engaños, en beneficio de todos. Luchar con ellas es también el homenaje de gratitud que debemos a cada una de las mujeres, por estar siempre, por no irse nunca. Amen. Awomen.

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