Jaque a la reina. (Foto: AFP/archivo)
Jaque a la reina. (Foto: AFP/archivo)

Entre todos los escenarios posibles, nadie con sentido común podía imaginar que a la señora May le sucedería un tipo estrafalario con ganas de sacar los “pies del tiesto”. El populismo es mal consejero. Frase que se la debe anotar cualquier gobernante tentado de caer en ello. El camino que guía a Mr. Johnson no podía ser más errado y tramposo.

Me explico: valiéndose de una triquiñuela, Johnson puso en jaque a la reina para que autorice el cierre del Parlamento. Ya ven, los gobernantes recurren a cualquier artilugio cuando se venden al populismo. La reina, solo teóricamente hubiera podido resistirse a la petición. Si barajó o no esta opción, ella, mujer de tanta experiencia, optó por atender a la petición de forma inmediata.

El juego es bastante burdo: Johnson evita el debate parlamentario, tan necesario para resolver una cuestión que afectará a millones de británicos. Pero le da igual. Prefiere satisfacer a esa entelequia que se llama “las masas”. Eludiendo el diálogo y la discusión parlamentaria gana tiempo en pro de un Brexit sin acuerdo, que es su intención final; y de alguna forma presiona a la Unión Europea, para que se desdiga del ultimátum lanzado en su día a May. La Unión Europea concedió una prórroga para que los británicos se decidan. Pero no “sine die”. La prórroga vence el 31 de octubre. Con un Parlamento enmudecido, sin tiempo de cambiar el rumbo de las decisiones de un hombre que está en el puesto sin haber pasado por las urnas, todos los presagios son malos. Y lo que es peor, con el jaque a la reina, quedaron debilitados los universales principios del Derecho Constitucional que exigen interpretar la norma siempre conforme al contenido esencial de la misma. Sin avasallarla, menos, humillarla. Conviene tomar buena nota de estos consejos.

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