(captura de video)
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El sangriento ataque de Sendero Luminoso a las embarcaciones de la Marina de Guerra del Perú que patrullaban la zona del valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) nos debe recordar que la amenaza terrorista, aunque debilitada, continúa vigente, sobre todo en las regiones donde ha logrado aliarse con los intereses del narcotráfico internacional.

Bajo el epíteto de Militarizado Partido Comunista del Perú y dirigida ahora por los hermanos Quispe Palomino, una columna de este remanente senderista terminó asesinando a un valeroso oficial de mar, Gustavo Manuel Valladares Neyra, y dejando heridos de gravedad, luego de un intenso intercambio de fuego –en el que los militares quedaron en clara desventaja–, a otros tres compañeros suyos, que lograron salvar la vida gracias a la oportuna llegada de un helicóptero de las Fuerzas Armadas, que pudo trasladarlos a tiempo para que recibieran el tratamiento médico que la emergencia demandaba.

Los servicios de inteligencia de las FF.AA. y la Policía Nacional no pueden descuidar la atención a los grupos subversivos que siguen operando en esos escarpados parajes de nuestro territorio nacional, para no dejar tan expuestos a los valerosos militares que, al ser destacados al Vraem, saben que se jugarán la vida por el Perú. Esto –aparte, desde luego, de un mayor apoyo logístico y capacidad de fuego– para no enviar a las patrullas a emboscadas seguras, donde estos delincuentes aprovechan la espesura de la montaña para saciar su instinto criminal y la tozudez de su anquilosada ideología. Ideología que para muchos ya no es sino un pretexto, pues hoy sus movimientos obedecen a lo que disponen su actuales socios, los narcotraficantes que operan en la zona.

Hizo bien el presidente Francisco Sagasti en recibir con honores el cuerpo del oficial fallecido, pues se trata de un patriota caído en defensa de la democracia peruana. Los problemas del país deben hacernos pensar que la guerra contra el terror no ha concluido. El gobierno, las fuerzas del orden, no deben bajar la guardia en el Vraem ni en ningún otro lugar.

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