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Fátima Toche
Fátima Toche

La evidencia nos dice que no hay espacio físico o virtual donde las mujeres estemos libres de acoso. Las aplicaciones móviles han llegado para resolver problemas prácticos en nuestras vidas, pero también se han convertido en un nuevo espacio en el que se manifiesta el machismo y la misoginia. Y claro, la culpa no es de la tecnología sino de quienes la usan y la administran.

Hace unos días, una buena amiga encontró en Waze –app que te ayuda a eludir el espantoso tráfico de nuestra ciudad– comentarios que algunos usuarios dejan en ciertos puntos del mapa que despliega este servicio. “Un culaaaazoooo la fénix de Odriozola con Arequipa”, “Qué buen rabo la tía que vende gaseosas por aquí”, “Ta buena la tía arepera”, son los mensajes menos ofensivos que encontré para compartir con ustedes.

El anonimato, la normalización de este tipo de lenguaje y la poca rigurosidad con la que se evalúan y moderan estos comentarios convierten en hostiles para las mujeres estos espacios virtuales.

El sector tecnológico debe adoptar compromisos más rigurosos de prevención del acoso tanto en sus servicios como en sus oficinas.

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