Una incógnita de casi dos metros

Carlos Barros

Carlos Barros. (GEC)

Una incógnita de casi dos metros. (GEC)

Cecilia Valenzuela
Cecilia Valenzuela

Hace 15 días nuestra Cancillería nos sorprendió ingratamente con este escueto comunicado. “El Ministerio de Relaciones Exteriores hace de conocimiento de la opinión pública que el embajador de la República Oriental del Uruguay le comunicó esta mañana que el ex presidente del Perú Alan García Pérez ingresó en horas de la noche de ayer a su residencia”.

Sin considerar el daño que le causaría al país, el dos veces electo mandatario aprista pidió asilo político. Aunque sabe con claridad que las indagaciones que hace la Fiscalía lo involucran a él y a los políticos más poderosos de los últimos 17 años; y se refieren, estrictamente, a las dádivas y a las obras que realizó Odebrecht en el Perú en ese periodo.

Los periodistas nos hemos preguntado en estos días dónde están las fotos o el video del momento en el que Alan García ingresó a la residencia uruguaya. Se trata de un político experimentado, gran conocedor de la historia del Perú; también de un tuitero impenitente, consciente del efecto de las redes sociales.

Hoy, cuando todo se registra y se cuenta con imágenes, ¿no guardó para sus memorias el instante en el que se apeaba del auto que lo llevó a la calle Pezet, en San Isidro?

La versión oficial de la Unidad de Protección de Embajadas de la Policía Nacional dice que “el sábado 17 de noviembre, la actividad en los alrededores de la residencia del embajador de Uruguay en Lima fue normal, de rutina, hasta más o menos las 9 y 30 de la noche. El testimonio del policía asignado a resguardar la residencia del embajador Carlos Barros refiere que, más o menos a esa hora, el automóvil del embajador ingresó a la casa de manera inusual, lo que al suboficial de la Policía le llamó la atención. Hasta ese momento no se había registrado ningún incidente sobre ingresos de personas, ni de unidades vehiculares ajenas a la misión diplomática. Solo salió y entró de la residencia el vehículo oficial usado por el embajador de ese país, Carlos Alejandro Barros”.

Entonces, ¿cómo ingresó Alan García a la residencia uruguaya? ¿Acaso lo hizo en el automóvil del embajador Barros?

Insistí con otra fuente policial y esta señaló: “Lo único que le puedo decir es que (el ex presidente Alan García) no ingresó caminando”.

El periodista de Perú21 David Tolentino llamó esta semana a la Embajada de Uruguay para consultar los detalles de esa noche con el mismo Barros. “El embajador no está brindando declaraciones por el momento”, replicó parcamente una funcionaria de la delegación. Tolentino insistió, relatando la versión policial que reproducimos aquí, y la funcionaria repitió, exactamente, la misma respuesta.

El sábado 17 de noviembre, al promediar las 8 de la noche, el juez del Segundo Juzgado Nacional Anticorrupción, Juan Carlos Sánchez Balbuena, dictó impedimento de salida del país, por 18 meses, al ciudadano Alan García Pérez.

García no había asistido a la audiencia. Frente a su casa, la prensa esperaba. La Fiscalía lo considera sospechoso de los delitos de lavado de activos, colusión y tráfico de influencias.

Recién a las 10 de la noche, se abrió la puerta de la casa miraflorina donde vive el ex presidente y salió su abogado, Erasmo Reyna, para decir que García estaba dentro de la vivienda, tranquilo, con su familia. Una hora antes, alrededor de las 9, los reporteros habían visto salir un vehículo con lunas polarizadas.

El policía de Unidad de Protección de Embajadas sostiene que el auto del embajador Barros entró, de manera inusual, a la residencia de la calle Pezet al promediar las 9 y 30.

¿Ayudó el embajador Carlos Barros al ex presidente García a ingresar a la sede diplomática a sabiendas de que tenía una orden de impedimento de salida del país? Es una pregunta que el señor Barros debe despejar. Y debe hacerlo con la verdad. De lo contrario, nuestra Cancillería debería exigir una respuesta a su par uruguaya.

Un embajador extranjero no puede transgredir la orden de un juez nacional. Debe respetar las reglas del país que lo acoge, sobre todo cuando convive con un régimen que respeta la independencia de los poderes del Estado.

Barros sabe que el ex presidente no ha salvado ninguna instancia judicial. Que son tres a las que cualquier investigado en el Perú puede apelar para demostrar su inocencia. Y que a los políticos investigados que optan por huir, solo los persigue su conciencia.

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