El presidente Humala inició su tercer año de mandato sin fijar metas claras en su política gubernamental. (Rafael Cornejo)
El presidente Humala inició su tercer año de mandato sin fijar metas claras en su política gubernamental. (Rafael Cornejo)

Fue un mensaje sin sorpresas ni sobresaltos, como él mismo lo había anticipado en los días previos. En su discurso anual ante el Congreso de la República, sin embargo, el presidente Ollanta Humala no hizo el ofrecido señalamiento de la ruta que seguirá el Gobierno para alcanzar ese país "próspero" en el que –afirmó– "todos los peruanos, sin distinción, podamos disfrutar los beneficios del crecimiento".

Al iniciar el tercer año de su mandato, el jefe de Estado reconoció haber cometido errores. "Sabemos de las piedras que entorpecen nuestro andar y reconocemos también nuestros propios errores. Eso es parte del aprendizaje", dijo.

Asimismo, por primera vez, admitió que la inseguridad ciudadana no es una percepción sino "un problema que merece toda nuestra atención" y, en ese contexto, delineó los siete ejes sobre los cuales se desarrolla la lucha contra el crimen.

POCAS NUECESPero hasta ahí llegó. Salvo referencias aisladas a la modernización de Petroperú, proyecciones de que la expansión de nuestra economía en el segundo trimestre del año se ubicará en alrededor del 6% y anuncios sobre el listado de Petroperú en la Bolsa de Valores y la constitución de un Fondo para Iniciativas Privadas Cofinanciadas hasta por S/.1,500 millones, lo demás fue un listado de obras ejecutadas y de proyectos en ciernes plagado de cifras y de buenas intenciones. En conclusión, un discurso simple con datos menudos y sin objetivos concretos.A pesar de ello, la bancada de Gana Perú y su 'portátil' –congregada en las galerías del hemiciclo– aplaudieron con entusiasmo al presidente quien, por momentos, pareció enredarse en la lectura de las 20 páginas de su mensaje. La oposición, por su parte, mantuvo un discreto silencio.

MEA CULPAAcusando recibo de su ostensible caída en las encuestas, que le dan un 39% de aprobación –el nivel más bajo en lo que va de su gobierno–, Humala inició su discurso haciendo un mea culpa por los errores cometidos, y aseguró que estos ya han sido rectificados.

A lo largo de su alocución, empero, omitió referencias a casos puntuales como las denuncias de graves irregularidades en Qali Warma y otros programas sociales. Por el contrario, abundó en cifras sobre los niveles de cobertura y reiteró, además, su compromiso de mantener el rumbo de la inclusión social. Tampoco habló sobre los diferentes proyectos de inversión minera que se encuentran paralizados.

Sí destacó, en cambio, que el Perú se mantiene como uno de los países con mayor crecimiento económico en el mundo, aunque manifestó que algunos rubros de nuestras exportaciones se están contrayendo. "¿Son señales de que el ciclo que favoreció nuestro crecimiento económico está llegando a su fin? Es posible (…) Tenemos con qué defendernos", remarcó.

En otro momento, quizá para ahuyentar el fantasma de la pretendida compra de Repsol, el mandatario ratificó el respeto irrestricto a la seguridad jurídica y al Estado de derecho.

Bajo la atenta mirada de su esposa, Nadine Heredia, fue desglosando luego los avances y logros de los diferentes portafolios. En algunos, como Interior, fue más explícito. En ese marco anunció el impulso de la reforma policial, la destitución penal de los malos agentes y la implementación de unidades de élite para combatir el crimen organizado, entre otras medidas.

En otros rubros –como Defensa, Salud y Educación– solo dio pinceladas que no colmaron las expectativas, a tal punto que la legisladora Cecilia Tait abandonó el hemiciclo, apenas 20 minutos después de que se iniciara el mensaje, disconforme por las "dos líneas" dedicadas al tema de la salud.

En las calles, en tanto, grupos aislados de manifestantes continuaban con las protestas iniciadas en la víspera en rechazo, principalmente, de la Ley del Servicio Civil.

A modo de respuesta, desde el Congreso, Humala remarcó la necesidad de mejorar la gestión pública y de "ordenar la casa", y en esa línea refirió que lo que busca la norma es profesionalizar al servidor en simultáneo con una optimización del servicio al ciudadano.

CORRUPCIÓNOtro tema que abordó el jefe de Estado fue el de la corrupción, y aunque no lo mencionó explícitamente, hubo quienes interpretaron en su convocatoria a los jóvenes a que se mantengan vigilantes ante la corruptela, una crítica implícita a la 'repartija' de plazas en la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional y el Banco Central de Reserva.

Las problemáticas de la minería ilegal, del narcotráfico y del terrorismo también se incluyeron en el discurso presidencial, pero en ninguna se esbozaron estrategias claras.

Tampoco en el campo de la descentralización, pese a que declaró tener un "claro compromiso" con este proceso. Incluso, para graficar su interés en él, no tuvo mejor idea que citar las sesiones descentralizadas del Consejo de Ministros. En ese momento le sugirió al Legislativo que inicie un "amplio debate" sobre la descentralización, e invitó a los parlamentarios a que "presenten propuestas normativas para lograr los objetivos de modernización del Estado".

Así transcurrieron los 62 minutos del mensaje en un 28 de julio que resultó frío, tanto en temperatura como en anuncios, sin propuestas concretas al Congreso para canalizar sus políticas de gobierno y sin los otrora paseos en olor de multitud de la pareja presidencial.