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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

Porque, mientras Messi deleitó anoche a miles de aficionados al fútbol, Pedraza no pudo convencer, ni siquiera a los miembros de la bancada oficialista, de sus posibilidades de liderar una transformación de la Policía Nacional que garantice la seguridad ciudadana.

En la célebre novela de Musil que da título a esta columna, el protagonista es un individuo sin cualidades ni distinciones particulares.

Esa misma condición –según J.J. Saer– puede rastrearse en lo que algunos maestros budistas llamaban el "hombre verdadero sin situación", un ente marginal, carente de esencia fija y de definición cerrada.

En nuestro país, cuando nos preguntamos sobre el liderazgo, solemos pensar en caudillos que concentran poder y que controlan todos los mecanismos de un proceso, no por la persuasión sino por la imposición.

Por cierto, ese no es el caso del ministro Wilfredo Pedraza. Él es, más bien, una especie de prestidigitador, un especialista en la desinformación, que busca confundir usando las estrategias más diversas: la ambigüedad, el ataque personal y, sobre todo, la creación de un universo paralelo (el sistema de comunicación Tetra2 que Pedraza ofreció para la Policía solo existe, según el colega Pedro Salinas, en Melmak, el remoto planeta del que procede Alf).

Un líder debe ser alguien capaz de inspirar, de contagiar sus sueños. Capaz de convocar la colaboración y el esfuerzo de otros.

Eso es lo que necesitamos en el tema de la seguridad ciudadana en el Perú. Para poner un solo ejemplo: cada año se producen un promedio de 80 mil accidentes de tránsito causando la muerte de 3,400 personas (10 cada día) y dejando más de 20 mil heridos, sin que hayamos escuchado una idea al respecto. ¿Qué esperamos para licenciar a Pedraza?