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Mónica Delta,Opina.21Ni la intolerancia heterosexual ni el activismo gay. Una sociedad que no respeta al ser humano en su esencia es patética y cavernaria. La polarización en la que se ha caído por la confirmación hecha por Carlos Bruce sobre su identidad sexual es histérica e hipócrita. El Perú necesita a hombres y mujeres, a secas, cuyos derechos sean respetados. Necesita que haya menos sinvergüenzas, menos rateros de cuello y corbata, y más ciudadanos y ciudadanas que ayuden a fortalecer las instituciones.

El país no necesita trogloditas que buscan poner en un campo de concentración a las personas con inclinaciones sexuales distintas a las de la mayoría. Una nación como la nuestra, en crecimiento, necesita entender que lo que lo que requiere a gritos es un núcleo familiar cuyas características sean el respeto, la protección y el cariño que los rodea. ¿De qué nos sirve una familia típica si la mujer es violentada o los hijos son golpeados o no deseados? ¿Cuál es el futuro de ellos como seres humanos? Esa es la preocupación que debe primar en una sociedad. Autoridades que hablen con el ejemplo y no con una agenda hipócrita que a lo único que conduce es a "involucionar".

No hay peor ejemplo para un niño o una niña que la indiferencia, la violencia y la mentira. La religión es una decisión personal que no tiene el derecho a descalificar a nadie por ser distinto. Todos deben vivir su espiritualidad y nadie puede quitarle la bienvenida a la casa de Dios. ¿Qué nos creemos, seres supremos que podemos decirle a cada uno cómo debe vivir su intimidad?

Dejémonos de estupideces y seamos capaces de mejorar como ciudadanos. Alguien es mejor que otro si es una buena persona, si quiere a los suyos, si paga sus impuestos, si cumple con las leyes y no trata de sacarle la vuelta o buscar atajos ilegales para no cumplir con un contrato social al que estamos obligados. Eso nos hace ciudadanos de primera clase. Lo demás es un cuento de terror y de hipocresía. ¡Basta ya de intolerancia! ¡Comiencen por mirarse en su propio espejo!