(Foto: Miguel Yovera/El Comercio)
(Foto: Miguel Yovera/El Comercio)

-Vizcarra, no acuse que “un periodista” usa el término “electarado”. Diga de frente nomás que Aldo Mariátegui usa esa brillante definición, que fue acuñada no por este columnista derechista, sino por ese resentido social que es el caricaturista velasquista “Heduardo”. Y sí, no considero “ni amnésicos, ni irracionales”, como el palabrero analista Vergara, a ese 55% que hace poco colocó a Vizcarra como el personaje más positivo del año pasado, como tampoco a esos invertebrados que reeligieron a Alan después de ese primer gobierno o que votaron por Toledo o por Humala, sabiendo que el primero era un mitómano depravado y el segundo una nulidad intelectual financiada por venezolanos y brasileños. Por no decir nada de aquellos genios que sufragan por estas alimañas de congresistas, alcaldes o gobernadores regionales. La verdad, aunque duela: “Heduardo” tiene razón y el “electarado” existe.

-¡Tenemos cada “héroe”! Hace poco trasladaron solemnemente los restos del marqués de Torre Tagle –segundo presidente del Perú– a su natal Trujillo, donde proclamó la independencia del norte en 1820, cuando fungía de intendente (Trujillo abarcaba varias regiones actuales). La pérdida de esa intendencia fue clave para que el separatista San Martín pueda sostenerse logísticamente. Desde la perspectiva histórica española, Torre Tagle no es más que un oportunista felón, un alto funcionario de la Corona (antes fue alcalde de Lima y edecán virreinal) que apuñaló por la espalda al confiado virrey Pezuela, que le había nombrado en ese cargo. Tiempo después, Torre Tagle se pelearía con Bolívar (ese antiperuano medio demente), traicionaría al Perú y regresaría al bando virreinal. Eso motivó que se refugie en el Real Felipe, fortaleza ocupada por los realistas, donde moriría de escorbuto. O sea, este Torre Tagle era mismo Vizcarra o Daniel Salaverry, mucho más un Judas que un héroe.

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