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Hecatombe global

“En Londres la gente tuvo que hacer colas infinitas para entrar a las piscinas públicas. En París tuvieron que regalar agua en las estaciones de trenes porque la gente se desmayaba”.

París

La temperatura en París alcanzó los 42 °C. (Foto: AFP)

La temperatura en París alcanzó los 42 °C. (Foto: AFP)

Augusto Rey
Augusto Rey

Amigos, esto va en serio, vamos a morir sancochados. El lunes se hizo oficial que julio de 2019 ha sido el mes más caliente en el hemisferio norte desde que se lleva un registro confiable de las temperaturas. Y este año será el más caliente de todos. Que eso pase al otro extremo del mundo no es razón para que los peruanos no nos preocupemos. La crisis climática no sabe de fronteras ni nacionalidades, así que tarde o temprano tocará la puerta, ya sea con calores costeros inmanejables o heladas andinas que congelarán cada vez más. Nos estamos cargando el planeta y, con él, a nosotros mismos.

Este año la situación ha llegado al extremo de que en Holanda una TV local comenzó a transmitir imágenes que hacían recordar el invierno para que la gente se olvide de la ola de calor extrema. En Suiza pintaron de blanco los rieles de los trenes para evitar que se doblaran con el calor. En el puerto de Amberes, en Bélgica, dos narcotraficantes tuvieron que pedir ayuda a la Policía después de quedar atrapados dentro de un contenedor lleno de cocaína. Entre morir sancochados y la cárcel, decidieron la última opción.

En Londres la gente tuvo que hacer colas infinitas para entrar a las piscinas públicas. En París tuvieron que regalar agua en las estaciones de trenes porque la gente se desmayaba.

Además, más un millón de especies se encuentran en proceso de desaparición. A eso sumemos la desaparición masiva de insectos, entre ellos las abejas, que son piedra angular de nuestra existencia.

Esto no es ciencia ficción. Es la realidad del cambio climático. Está sucediendo ahora, y empeorará en el futuro si no aseguramos un cambio radical de nuestras costumbres y nuestro consumismo desbocado. Todo lo demás es irrelevante cuando nuestro único objetivo será no morir sancochados.

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