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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Dilemas sentimentales, decisión para aceptar un trabajo, una posibilidad de viaje, la segunda copa de vino sabiendo que tienes que conducir, el permiso para que un hijo o alguien bajo nuestra supervisión haga algo que nos provoca temor, etcétera. No siempre, para mí al menos, decir NO me ha sido sencillo. No sé si por facilismo o por respeto a la libertad de otros cuando están bajo mi autoridad, entonces aprieto los dientes y me obligo a decir un SÍ que luego me tiene en ascuas durante horas o durante días. No imaginé que a ese dilema, por lo general subjetivo, lo vería amplificado al plano social y que, además, sentiría emociones intensas, no con respecto a lo que yo debo hacer, sino respecto al resultado de la compulsa que se nos viene encima.

Dentro de cuatro días se cumplirán 33 años de mi llegada al Perú, y si bien no fue amor a primera vista, hubo destellos que anunciaban una buena relación. Todo ocurrió lentamente, pequeños descubrimientos, gestos y palabras que comenzaba a necesitar, relaciones que crecían y, sobre todo, la sensación aprendida de Vallejo de que hay tanto, pero tanto, por hacer. Mi espontánea frustración porque la selección sub 20 empatara con Chile confirmó una vez más que allí donde mandan las emociones, allí está tu corazón. Repartido, es verdad, pero siempre presente y comprometido. Tanto que me duele ver a muchos limeños, poco informados pero tan respetables como lo es cada ser humano, manipulados por los impresentables que lideran el SÍ. De la Lima que amo espero un NO rotundo.