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Ariel Segal,Opina.21Arielsegal@hotmail.com

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, negocia una coalición para formar un nuevo gobierno como resultado de las elecciones del pasado 22 de enero, en las cuales la alianza de su partido, Likud, con el de su intransigente excanciller, Avigdor Liberman, bajó de 42 escaños a 31, por lo cual le resulta matemáticamente imposible llegar a los 61 parlamentarios con los otros partidos de derecha (en Israel, la "derecha" se contrapone a la "izquierda" por su postura dura en negociaciones con los vecinos árabes, más que por una visión liberal económica del país), que juntos suman, exactamente, 60 puestos parlamentarios. Muchos votos de la alianza Netanyahu-Liberman migraron a un nuevo partido pro asentamientos conducido por un joven carismático empresario, Neftali Benet, mientras que dos partidos ultra-ortodoxos retuvieron cifras parecidas a la elección anterior: 18 escaños. Por su parte, en la izquierda, la gran sorpresa la dio el periodista Yair Lapid, cuyo partido, Hay Futuro, quedó segundo con 19 escaños, seguido por 15 del Partido Laborista, 6 del más socialista Meretz, 6 de la excanciller Tzipi Livni, 2 de Kadima (ambos vinculados al partido creado por Ariel Sharon para sacar a Israel de la franja de Gaza en 2005) y 12 parlamentarios de tres partidos árabe-israelíes.

Sesenta y sesenta, tienen la gama de partidos inclinados a congelar la construcción de asentamientos y quitar privilegios a los ultraortodoxos versus aquellos que prefieren mantener las políticas de los últimos cuatro años con Netanyahu, y por eso tendrá que convencer a Yair Lapid para formar un gobierno moderado que restablezca negociaciones directas con la Autoridad Palestina de Mahmoud Abbas. No hay un gobierno 60-90-60 que pueda representar la amalgama de visiones y aspiraciones de la variopinta y compleja sociedad contemporánea israelí.