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Ariel Segal, Opina.21 Arielsegal@hotmail.com

¿Está decido Obama a realizar un ataque a Siria luego de que el parlamento británico le negara a su primer ministro a participar en éste (lo que hizo desistir a otros gobiernos europeos de unirse a la coalición que lideraría EE.UU.), o ha estado postergándolo para no asemejarse a su antecesor George W. Bush, a quien tanto criticó por actuar unilateralmente en este tipo de situación? ¿Decidió Obama consultar al Congreso de su país para obtener apoyo para la operación militar o por el contrario, para que –arreglado tras bambalinas con miembros de su partido– un voto negativo le dé la excusa que lo libere de ser preso de su famosa sentencia sobre el uso de armas químicas como la línea roja que no le permitiría cruzar a Bashar al-Assad? ¿Fue la propuesta de obligar al dictador sirio a entregar sus armas químicas una iniciativa de Putin o fue elaborada por los asesores de Obama y el presidente ruso mientras se realizó la conferencia del G-20 en San Petersburgo?

Lo más probable es que, pase lo que pase, nunca sabremos las respuestas a las preguntas anteriores, pero si nos guiamos por lo ocurrido y no por el discurso de Obama, da la impresión de que desde que se quedó solo ha intentado dilatar o detener la ofensiva contra Siria al convocar al Congreso –cuando legalmente el presidente de EE.UU. está habilitado para ejecutar acciones militares breves– lo que podría darle una excusa para dar marcha atrás, y la propuesta (¿rusa?), le deja el camino abierto para seguir difiriendo la decisión para intentar anotarse un éxito político o convencer a sus gobernados y a otras naciones a unirse a la coalición militar en el futuro.

Por ahora, todo queda en suspenso, con la ironía de un presidente que habla de un ataque sin parecer querer hacerlo, con Putin, 'el carnicero de Chechenia' (masacró al 25% de la población de esa provincia rusa en el 2000) que se presenta como el gran mediador para forzar al 'carnicero de Siria', al-Assad, a entregar su arsenal químico.