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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Al cierre de esta edición el presidente del Gobierno Regional de Áncash, César Álvarez, se encuentra no habido. Léase, fugado, desaparecido, esfumado. El Poder Judicial emitió una orden de detención preventiva, junto a otras 21 personas, por los múltiples delitos que la Procuraduría ha señalado.

Pronto, imaginamos, caerá César Álvarez, y con él se iniciará un megaproceso que determine la real extensión de la red que dirigía, según el informe del procurador Christian Salas, así como el listado final de los delitos en los que incurrió.

La pregunta es la siguiente: ¿y cómo llegamos a este punto, cómo así nuestras instituciones permitieron que el desborde delictivo en la región Áncash llegue a estos niveles?

Si la pregunta le parece ociosa, consideremos un dato que la amplifica: similares procesos se vislumbran para Tumbes, Cajamarca y Ucayali. Y esas son las regiones sobre las que ya se tiene conocimiento. ¿Cuántas más se encontrarán en situación similar?

Que tantas regiones, y sabe quién cuántas alcaldías al nivel nacional, se encuentren bajo sospecha no es casualidad. Es producto inequívoco de nuestra precariedad institucional. A saber: de la podredumbre político-partidaria, del inefable sistema judicial y de seguridad, así como de un sinfín de espacios creados por quienes rigen en el Estado para hacer de sus fondos un botín y, de sus cargos, un principado.

Mientras en Áncash una red hacía y deshacía con plena libertad, en el mismo Áncash los empresarios –desde pequeños hasta grandes– pasaban penurias regulatorias y persecutorias impuestas por el Estado Peruano.

Esa es nuestra principal trampa hacia el desarrollo: no tenemos instituciones que velen por la calidad de nuestro crecimiento.

Así las cosas, podemos seguir creciendo, y dicho crecimiento traerá beneficios para muchos –incluso en mayor medida para los más necesitados, como muestran las cifras actualmente–, y hasta podrá brindar la sensación en ciertos espacios de que hemos alcanzado la modernidad. Pero no llegaremos lejos. Será como otras trampas: avanzamos, pero dentro de ellas, siempre recayendo en las mismas taras.

César Álvarez no es el único no habido; también se encuentra ausente el Estado Peruano.