Condena al caer. (Congreso)
Condena al caer. (Congreso)

Terminó una de las últimas audiencias del juicio por terrorismo al congresista Guillermo Bermejo y en tan solo unas semanas escucharemos la sentencia. La Fiscalía ha pedido 20 años de cárcel para el parlamentario. El Ministerio Público ha aportado durante el proceso un consistente número de pruebas y evidencias incriminatorias de sus vínculos directos con la sanguinaria facción senderista que, en el Vraem, dirigen los hermanos Quispe Palomino.

La investigación a este conspicuo parlamentario izquierdista se inició por sus sucesivas visitas a diversos campamentos terroristas entre los años 2008 y 2009, profusamente documentadas por la Policía y una serie de testigos protegidos que lo han identificado plenamente incluso durante las audiencias. Sin embargo, a este legajo se le ha añadido ahora una acusación complementaria, que, según el fiscal Gino Quiroz, debe considerarse pues se trata de “un nuevo hecho que hace referencia a las reuniones previas del señor Bermejo en Ayacucho”, anteriores a sus estadías en los campos de adoctrinamiento senderista.

Como el jurisletrado Luis Lamas Puccio explicó a Perú21, las llamadas acusaciones complementarias “tienen por objetivo darle mayor peso a la acusación principal, en el sentido de que si evidentemente se trata de hechos que van a fortalecer la investigación, es preferible demorar los alegatos una o dos semanas más porque le dará mayor consistencia a la acusación fiscal”.

En buena cuenta, se trata de nuevos elementos que acrecientan la convicción respecto a la culpabilidad del acusado, quien, además, poco ha hecho por ocultar sus simpatías por doctrinas políticas extremistas, sean las de Sendero Luminoso en el Perú o las que promueven gobiernos autoritarios como los de Venezuela o Nicaragua.

Actualmente alejado de Perú Libre, a cuya bancada renunció debido a reyertas internas en la organización que lidera Vladimir Cerrón –quien también enfrenta otros procesos e investigaciones– Bermejo podría estar encarando así el comienzo del fin de su carrera política, pues la lógica y la jurisprudencia indican que, de no mediar sorpresas, el fallo será condenatorio.

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