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Enrique Castillo,Opina.21Gregorio Santos podría ganar en primera o segunda vuelta en Cajamarca. Y esto no tiene nada de increíble para los cajamarquinos, aunque para la gran mayoría de peruanos sí tenga mucho de incomprensible.

Una victoria de Santos –y de otros candidatos considerados radicales– significaría un duro golpe para las expectativas de los inversionistas y le generaría una situación muy difícil al gobierno.

La victoria de Santos siempre fue una posibilidad real. Y se hizo más fuerte cuando fue encarcelado. Si algunos pensaron que la detención lo debilitaba, es porque nunca visitaron la región Cajamarca, o solo se quedaron en la capital.

Gregorio Santos, con la crisis cajamarquina, las oportunidades perdidas, la mala gestión regional y las acusaciones, siempre fue percibido por los campesinos cajamarquinos –antes y después de Conga– como el defensor de los intereses de ese mayoritario mundo rural al que pocos tomaron en cuenta, y como el hombre que fue capaz de enfrentarse al Gobierno y "ponerlo de rodillas".

Frente a eso, ni el Gobierno, ni el empresariado, ni los partidos políticos fueron capaces de plantear, en dos años y medio y con todos los recursos a su favor, una alternativa real, inteligente, oportuna y seductora que permitiera que Gregorio Santos fuera historia, periódico de ayer. ¿Dónde están las promesas del Ejecutivo de invertir miles de millones de soles en Cajamarca y hacerla su engreída, de mejorar la relación con la población y las comunidades?

Por el contrario, la confrontación permanente y general lo ha fortalecido, y la detención lo ha victimizado y beneficiado porque todos –hasta sus ex socios políticos que ya lo habían abandonado– han cerrado filas con él.

El problema en Cajamarca no solo es Gregorio Santos, sino la incompetencia de los actores involucrados para ofrecer una mejor –inteligente, real y verdaderamente inclusiva– alternativa a toda la población cajamarquina, urbana y rural.