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El Gran Bonetón

“Deberíamos mirar de frente a un candidato y hacerle un montón de preguntas difíciles”.

El Gran Bonetón

El Gran Bonetón. (Getty)

El Gran Bonetón. (Getty)

Maki Miró Quesada
Maki Miró Quesada

Parece que en mi primera columna (“Y ahora, ¿qué?”) lo expliqué pésimo, porque el mensaje no pasó. Eso o cambiar el chip no es tan fácil.

Comentarios de amables lectores lo confirman. “No sabemos quién vendrá en 2021”, “La culpa es de la masa. Elige mal”, “Como ahora habrá primarias, allí los conoceremos mejor”, “Aún no se sabe, no se vislumbra quién”.

Seguimos en lo mismo. “Es la economía, stupid” dixit Clinton, Bill. Lo que equivaldría hoy a decir “Es cómo gobiernan, stupid, no quién”. Las primarias –una buena idea– no cambiarán sustancialmente nada si no cambiamos nuestras aspiraciones. ¿Queremos un Gobierno que haga solo obra, o un Gobierno que destruya a nuestros enemigos, o uno que nos haga favores, sin mucha fiscalización de nuestra parte? Si de paso se lleva un par de valores republicanos, piña pues, ya ha pasado antes. Un amigo gringo, culto y compasivo, me explicó una vez que votó por Bush (W) “porque prometió bajarme los impuestos”. Como visión macro hay mejor.

¿A qué aspiramos los peruanos-post-crisis-institucional? ¿Queremos limitarnos a castigar a los corruptos o queremos aprovechar el remezón para construir una sociedad más transparente, más rigurosa, una con el piso más parejo? Una donde no saldría elegido ninguno de los últimos cinco presidentes, ¡y menos uno detrás del otro! Y Usted, fiel lector, ¿por cuántos de los cinco votó? Yo voté por dos y me pregunto por qué no exigí saber más.

Si seguimos pensando que esta megacrisis es culpa solo de los políticos y no es también del electorado, estamos fritos. El político es el ‘endgame’ del sistema. El sistema somos todos nosotros. Esto necesita de un cambio de cultura. “Vasto programa”, diría de Gaulle. “Misión imposible”, dirá la mayoría. “Así es el Perú y no va a cambiar”, me desaniman casi todos.

Puede ser. Pero podemos tratar. Deberíamos mirar de frente a un candidato aunque sea a una modesta concejalía en Ferreñafe y hacerle un montón de preguntas difíciles. “A ver sus referencias. ¿Qué estudió? ¿Notas, diplomas, porfa? ¿Cuántas multas impagas? ¿Dónde ha trabajado? ¿Qué hizo, qué logró allí? ¿Declaración de impuestos? Carta de recomendación de su jefe y/o empleados”. Si no nos satisfacen las respuestas, chau: ¡next!Mucho menos se le pide a cualquier gerente. Sin embargo, elegimos autoridades que han robado –antes– o mentido o estafado, o violado o falsificado sus pergaminos. Sin asco.

Sería delicioso que el próximo inquilino de Palacio sepa que este es un pueblo con cero tolerancia porque es un pueblo que cumple las leyes y que exige todo. Está harto de votar por el mal menor: espera mucho más, no espera menos. O eso, o dejemos de jugar al Gran Bonetón y aceptemos de una vez que el país donde vivimos no merece nuestro mejor esfuerzo.

Meter gente presa nos hará sentir virtuosos por un buen rato. Subir la valla moral del país nos dará líderes virtuosos por mucho tiempo.

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