Martín Vizcarra asegura que alza en los precios de los combustibles no se debe al ISC. (Twitter: @prensapalacio)
Martín Vizcarra asegura que alza en los precios de los combustibles no se debe al ISC. (Twitter: @prensapalacio)

El presidente Vizcarra todavía no logra establecer mensajes de impacto, luego de dos meses en el cargo. A pesar de procurar ser descentralista y viajar intensamente por todo el país, enfocando acciones en poblaciones pobres, es en Lima y en los sectores socioeconómicos más altos donde tiene más respaldo.

Por otro lado, el tremendo perfil bajo de la mayoría de sus ministros no lo ayuda. Resulta complicado encontrar figuras que acompañen al experimentado –y desaprobado en su gestión por la mayoría– César Villanueva en declaraciones públicas que generen titulares positivos para el Gobierno.

Un político requiere tener identificados a sus aliados y antagonistas. Es una tarea fundamental para establecer estrategias en la dinámica del poder. En el caso de Martín Vizcarra, no parece tener certeza ni del oficialismo ni de la oposición parlamentaria.

En este escenario, a mediano plazo, las elecciones municipales y regionales son una magnífica oportunidad para el Gobierno. Podría construir alianzas importantes para tareas específicas con nuevos alcaldes y gobernadores (reconstrucción, seguridad ciudadana, agua y saneamiento, así como turismo, podrían ser parte de la agenda priorizada).

El presidente Vizcarra no ha criticado contundentemente la intención de compra de muy costosas computadoras, frigobares para los despachos y hasta arreglos florales de rosas importadas por miles de soles en el Congreso, lo cual contrasta con su mensaje de austeridad, pidiendo evitar gastos superfluos en la administración pública. Fue una oportunidad perdida por el presidente para conectar con millones de peruanos, a partir de una opinión fundada, sin por ello vulnerar la independencia de otro poder del Estado. El riesgo era confrontar con los congresistas, con las posibles consecuencias de limitar más las facultades delegadas, interpelar ministros y eventualmente hasta censurarlos. Un gobernante debe recordar que sin adversarios no hay política y sin legitimidad popular no hay éxito.