[Opinión] Aldo Mariátegui: De orgías, populismos mediáticos y Ña Catita. (Foto: Jorge Cerdan/@photo.gec)
[Opinión] Aldo Mariátegui: De orgías, populismos mediáticos y Ña Catita. (Foto: Jorge Cerdan/@photo.gec)

¿Logrará la caviarada y la izquierda volver a capturar Lima con Forsyth, tal como lo consiguió años atrás con Susana Villarán, cuya gestión se coronó como la peor en décadas? ¿El electorado limeño será tan estúpido de elegir al candidato con quien más simpatiza el oficialismo, cuyo padre funge ahora de mayordomo de Castillo en la OEA? ¿Le darán esa satisfacción a su mentor político Siomi Lerner? ¿Las estridentes votantes feministas caviares se olvidarán de las cuitas de Vanessa Terkes? ¿Los vecinos de La Victoria perdonarán cómo desertó? ¿Funcionarán las maniobras del IEP, La República y el IDL a su favor? ¿Al electorado no le importará marcar las siglas de Somos Perú, un partido expropiado a los Andrade por la aventurera política Patricia Li, tan cercana a Vizcarra y a Castillo, cuya bancada no ha dejado de blindar a este gobierno?

-Lamentablemente la estimada Juliana Oxenford volvió a caer en el populismo mediático al exhibir la vida privada de un candidato en ATV, acompañada de un discurso de moralina pacata digno de Ña Catita. Al parecer, el tipo estaba en una orgía cual solaz esparcimiento. Si no hay menores de edad y libre consentimiento, es un asunto privado. Si era casado o comprometido, es un asunto solo con su pareja. Y si hubo prostitutas tampoco pasa nada, pues esa actividad no es ilegal en el Perú, salvo que no les haya pagado. En ningún caso es asunto de Juliana y ATV. Tampoco es un hecho que cuestione sus capacidades. Y suficiente tenemos con el agobio de lo “políticamente correcto” para imitar la hipocresía yanqui con el sexo. Nunca pensé ver a Juliana de monja…

PD: Cierro esta columna con un aviso de servicio público: no estoy en redes sociales, así que no tengo nada que ver con esa encuesta sobre las elecciones ediles que circula ese impostor que usa recurrentemente mi nombre y cara en Twitter. He cerrado varias de esas cuentas en diversas ocasiones (lo que es de por sí trabajoso), pero vuelven a brotar como hongos y a seguir incordiando.