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En los próximos meses, los peruanos escucharemos muchas promesas de los candidatos a la presidencia. Siguiendo la historia, es probable que el ganador de la elección no cumpla con la mayoría de las promesas. Pero existe una oportunidad para que la historia cambie y obligue al ganador a cumplir: está en manos de la mayoría de peruanos, que saben cuáles son los problemas que los agobian y las decisiones que necesitan del gobierno para salir adelante. Son los peruanos que trabajan honradamente día a día, los que deben marcar la agenda política arrinconando a los candidatos, no hacia un enorme abanico de demandas, sino hacia un listado que resuma unas pocas promesas de campaña a cumplir, que representen la mayoría de anhelos del Perú, que sean directas, realistas, medibles, fiscalizables y corregibles año a año. ¿Cómo poner en agenda promesas para que luego los candidatos nos expliquen su plan para alcanzarlas? Hoy esto sí es posible. Las redes sociales pueden unir a millones de personas. Las voces llegan más lejos y más rápido, la prensa puede difundir la voz de todo un país para hacer que los candidatos cumplan lo que prometieron. Aun sabiendo que toda lista puede ser subjetiva, me atreveré desde esta tribuna a hacer una primera sugerencia de seis promesas, sabiendo que esta no es más que la mirada de un peruano que siente que, si estas batallas son vencidas, muchas de las limitaciones de los peruanos para salir adelante acabarían. No son todas las promesas que debiéramos exigir, pero son buena parte de ellas.

La primera promesa. Que el futuro presidente prometa a los peruanos que al final de su mandato habrá acabado con la delincuencia que hoy nos azota. Lo sé, es una promesa obvia. Pero necesitamos que se debata, que nos expliquen cómo lo van a lograr. Comisarías de última generación, policías mejor entrenados, remunerados y equipados, sistemas de comunicación e inteligencia de vanguardia, reformas legales definitivas en Fiscalía y Poder Judicial acordadas con todas las fuerzas políticas, atención a la niñez en abandono físico y moral. De hecho, son los candidatos, no nosotros, los que deben saber cómo hacerlo y explicarnos su propuesta para seguir ese camino.

La segunda promesa. Prometernos que, al finalizar su mandato, la educación pública estará ubicada entre las mejores cincuenta del mundo. Promesa ambiciosa, pero no imposible. Que las escuelas para los más pequeñitos sean un modelo a imitar, que las escuelas rurales tengan una educación intercultural bilingüe cuya calidad e infraestructura respondan a sus entornos y que en nada envidie a la educación urbana, que los institutos y universidades públicos estén a la vanguardia en investigación y publicaciones científicas. Que nos digan cómo lograrlo, qué debemos hacer desde el sector privado para avanzar en el mismo camino y todos juntos ir logrando resultados.

La tercera promesa. Prometernos que, al finalizar su mandato, las instituciones estarán libres de corrupción y que, si esta surgiera, será castigada ejemplarmente. Que los partidos y sus políticos se volverán a ganar el respeto ciudadano y nuestros jueces serán aplaudidos por su decencia. Que nuestros policías serán respetados por su dignidad y entrega, que nuestros funcionarios se entregarán con compromiso a desempeñar su labor y que cualquier ciudadano que pretenda corromper a un trabajador de Estado será castigado con firmeza. Que la ley y la devoción por las normas de convivencia sean el camino abrazado y construido por todos, gobierno y ciudadanos.

La cuarta promesa. Prometernos que conducirá la economía del país de forma responsable, inteligente y visionaria y que, al finalizar su gobierno, las oportunidades para los peruanos serán mayores que las que él recibió cinco años antes. Que los peruanos encuentren en el gobierno un aliado que les permita hacer realidad sus iniciativas con facilidad, eficiencia y rapidez. Que se apueste por la innovación como la gran bandera a sembrar en cada peruano. Que se incentive a los jóvenes y a las pequeñas iniciativas con todo lo necesario para que sean pronto grandes realidades. Que se conecte a los pueblos con toda la infraestructura física y virtual necesaria para poner en valor sus ideas, recursos y productos. Que se comprometa a una revolución de servicios públicos de altísima calidad para construir en los ciudadanos la convicción de ser parte de una economía formal en la que sus impuestos reciben claros beneficios a cambio. Que se nos diga, de una vez por todas, cuál será el camino de la economía peruana que pretenden construir.

La quinta promesa. Prometernos que todos los peruanos serán protegidos en sus derechos sin importar pensamiento, condición, raza u origen de manera que podamos dialogar, debatir y construir tareas colectivas con respeto y agradecimiento mutuo y, sobre todo, vivir en paz. De lo que se trata es que el futuro presidente garantice la protección de las minorías frente al abuso y la arbitrariedad de quien se sienta poderoso, que mantenga a raya toda manifestación de intolerancia, que asegure que ningún niño, por más alejado que esté, no estará en condición de abandono, hambre o frío, que ninguna mujer estará desprotegida ante un acto de violencia familiar, que aquellos más desfavorecidos tendrán una sociedad que los acoge e integra, y que nadie será perseguido o coaccionado por sus ideas u opinión. Y la última promesa. Prometernos que logrará que nuestro país, al cabo de cinco años, derrotará a todos aquellos que hoy vienen destruyendo nuestro territorio. Que logró acabar con la minería y tala ilegales, logró recuperar nuestros bosques depredados y nuestros ríos y bahías contaminadas, logró un equilibrio armonioso y pacífico entre dos actividades tan importantes para el Perú como la minería y la agricultura, logró atraer múltiples inversiones en energías renovables y sostenibles y aseguró la sostenibilidad de nuestras especies y nuestra biodiversidad a partir de su puesta en valor de forma responsable, sostenible, innovadora y visionaria.

Sé que hay muchas más promesas a exigir: la cultura, el deporte y la prevención en salud al alcance de todos, el Perú como uno de los países de mayor desarrollo turístico, nuestra agricultura e industria admiradas internacionalmente por su sustentabilidad e innovación. Son solo algunos ejemplos. Múltiples promesas en ámbitos que deben ser vistos multisectorialmente, pero que, en todos los casos, podrían estar enmarcadas dentro de cada una de las promesas mencionadas. Nos urge plantear promesas que no necesariamente tengan que ser las mencionadas, pues seguro que surgirán muchas más y mejores, pero deberán ser promesas en las que todos coincidamos en cumplir. Si lo hacemos, al Perú no lo parará nadie. Empecemos a discutirlas y luego a exigirlas, que el 2016 está a la vuelta de la esquina.