El fujimorismo es un síntoma

"El Perú no se volvió un país defectuoso en los 90, sino que viene históricamente del caos y el conflicto de poderes que van desde la izquierda, hasta la derecha, hasta el terrorismo, hasta al Estado".

Fujimorismo

(Difusión)

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Renán Ortega
Renán Ortega

Son pocas las épocas en las que he visto tanta polarización en las redes sociales. Hay un buen grupo de gente, y probablemente medios de comunicación también, que han llegado a la conclusión de que hay que erradicar al fujimorismo. Han llegado a la conclusión de que ellos son los que no dejan funcionar al país y que son la fuente de toda corrupción. Pero ahí es donde nos estamos equivocando. El fujimorismo no es la causa de todos los males en el Perú, es un síntoma.

¿De qué otra forma, si no, podemos explicar que los líderes políticos de nuestro país en las últimas décadas parecen estar involucrados con la corrupción? Susana Villarán, Toledo, Alan García, PPK, Alberto Fujimori, izquierda, derecha, centro, arriba, abajo, todas las banderas políticas están ahí. La corrupción no nace con Alberto Fujimori y muere con Keiko. Los males del país no van a morir con el fujimorismo.

El Perú no se volvió un país defectuoso en los 90, sino que viene históricamente del caos y el conflicto de poderes que van desde la izquierda, hasta la derecha, hasta el terrorismo, hasta al Estado. Toda esa historia es la que ha ido forjando un país con instituciones débiles y un país en el que, igual que siempre, seguimos esperando que un líder con capa venga a salvarnos del villano que hoy vemos personificado en el fujimorismo.

Pero, señores, creer que el mal del Perú es tan fácil de identificar es un error fatal. Parte de ese mal está en la peruanada, en esa frasecita culturalmente arraigada en nuestro país de que, para pendejo, pendejo y medio, de que, para cojudos los bomberos, de que, ¿no sabes con quién estás hablando?

No es que el fujimorismo nació y de ahí todos se contagiaron de los males que hoy no nos dejan crecer. Todo lo contrario. El fujimorismo es producto de un país que ya estaba mal. La dictadura de Fujimori fue producto de un pueblo desesperado que vio en él un salvador y, utilizando eso a su beneficio, estos peruanos se aprovecharon de una sociedad que los dejó crecer. Y los medios de comunicación colaboraron. Porque la corrupción no es de uno.

Por cada juez que recibe plata, hay alguien que le paga. Por cada policía que recibe coima, hay alguien que coimea. Hace poco una encuesta de Ipsos reveló que solo un 48% de los peruanos tiene tolerancia cero para la corrupción. Un 39% tiene una tolerancia media y un 12% una tolerancia alta.

¿Qué nos revela eso? Que el problema es más grande de lo que pensamos. Que si mañana el fujimorismo muere, lo más probable es que entre otro grupo de gente dispuesta a aprovecharse del sistema para favorecer intereses personales. De repente, el problema de la corrupción parte por nosotros mismos. ¿Quién sabe si mañana ese que promete salvarnos de la corrupción no es, también, un corrupto? ¿Quién sabe si mañana ese que endiosamos no nos roba también? Esa es historia conocida.

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