Una fuerza poco popular

“Creo que buena parte del descrédito del Parlamento frente a los ciudadanos se explica en el poder inmenso que ha tenido la bancada de Fuerza Popular y en lo poco que ha hecho con él para resolver los problemas que ellos mismos señalan”.

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La bancada de Fuerza Popular se pronunció para respaldar a su detenida lideresa Keiko Fujimori. (Foto: Congreso de la República)

La bancada de Fuerza Popular se pronunció para respaldar a su detenida lideresa Keiko Fujimori. (Foto: Congreso de la República)

Mijael Garrido Lecca
Mijael Garrido Lecca

En las elecciones de 2016, el fujimorismo colocó 73 legisladores en un Congreso unicameral de 130 escaños. Hoy, solo dos años y medio después de ese momento, Fuerza Popular pasa por uno de sus momentos más críticos: su lideresa se encuentra detenida preliminarmente y con la popularidad por los suelos. Su líder histórico recibió un indulto que fue luego anulado y el congresista que había consolidado la mayor cantidad de votos fue desaforado y ya no forma parte del partido. Han sido los peores años para el fujimorismo después de 2001.

Cuando uno escucha a varias voces de Fuerza Popular, se encuentra un denominador común a la hora de plantear airados reclamos en contra del Poder Ejecutivo: señalan, no sin razón, que en lo que va del quinquenio el Ejecutivo no ha sido capaz de tomar las riendas del país y encaminarlo hacia el crecimiento económico que se hace necesario para poder seguir combatiendo contra los problemas de los ciudadanos. Sin embargo, creo que es justo plantearnos también qué tan adecuado ha sido el uso del poder por parte del fujimorismo.

Porque hay que empezar por reconocer lo evidente: con 73 congresistas y algo de tacto político, Fuerza Popular ha podido emprender cualquier reforma que hubiera querido. Un poder monolítico así de consolidado en el Legislativo ha podido ser un motor creativo si es que se hubiese decidido darle ese uso. El fujimorismo ha tenido la mayoría del centro neurálgico de la creación de las políticas públicas del país por un espacio tal que han podido, de habérselo propuesto, hasta cambiar los colores de la bandera. Pero han hecho nada.

Fiscalizar y revisar las tareas, lerdas por cierto, emprendidas desde la Presidencia y los ministerios no es lo que el pueblo espera de su Congreso. Eso es lo mínimo indispensable. Cada vez que escucho a algún representante de la bancada mayoritaria enrostrarle al Ejecutivo las cifras agobiantes de anemia infantil que aquejan al país o la cantidad de peruanos que han muerto a causa del frío en este invierno, comparto su molestia. Pero también me pregunto: ¿qué proyecto de ley han presentado ellos para poder darle solución al asunto?

Creo que buena parte del descrédito del Parlamento frente a los ciudadanos se explica en el poder inmenso que ha tenido la bancada de Fuerza Popular y en lo poco que ha hecho con él para resolver los problemas que ellos mismos señalan. La buena noticia, para el fujimorismo y para el país, es que quedan más de dos años. Y cambiar el rumbo no es tan difícil. Siguen teniendo una gran oportunidad.

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