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Carlos Meléndez,Persiana AmericanaDesde hace unas semanas se debate sobre la fortaleza del gobierno de Ollanta Humala. Para el director de este diario, estamos ante un gobierno con rasgos autoritarios, con manejo de ingentes recursos y con capacidad de llevar adelante megaproyectos sin transparencia. Para el politólogo Steven Levitsky, en cambio, estamos ante una administración débil, con un control tambaleante del Congreso, aislado políticamente y sin partido político realmente existente. ¿Quién tiene la razón?

La confianza que recibió ayer el gabinete Jara da materia para continuar con esta polémica. "El gobierno se salió con la suya" dirán unos; "necesitó tres votaciones para la confianza" dirán otros, cada cual fortaleciendo su propia argumentación. ¿No será acaso que los dos tengan algo de razón?

Este gobierno termina imponiendo su voluntad la mayoría de veces. Pero no necesariamente por fortaleza propia, sino por debilidad generalizada de los actores políticos, especialmente de la oposición. Mire la votación de ayer y verá a cinco 'solidarios' fortaleciendo al gobierno (débil). Magro oficialismo, magra oposición. Lo que tenemos al frente es un equilibrio de baja intensidad, donde el gobierno y sus rivales carecen de vínculos con la sociedad, no son partidos reales ni tienen iniciativa y deambulan sin norte programático. En ese contexto, el gobierno se envalentona (temerariamente) y se da el lujo de ser contumaz (por ejemplo, mantener a ministros cuestionados), pero sobre todo porque una débil oposición se lo permite.

Pero no caben dudas de que los que gozan de incuestionable fortaleza son los poderes económicos y de que los que sufren de debilidad endémica son nuestras instituciones políticas. Ahí creo que no hay debate.