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Fritz Du Bois,La opinión del directorPara todo efecto práctico, otra eliminatoria a un Mundial de Fútbol ha terminado en fracaso para el equipo peruano. La derrota ante Uruguay nos ha enterrado y la pésima actuación del árbitro argentino ha dejado a todo el país, desde el cardenal hasta el último parroquiano, indignado. De cualquier manera, no hay vuelta que darle al resultado, y uno de los más preocupados debe de ser nuestro mandatario, quien ve cómo se van agotando las alternativas para poder recuperar una popularidad que sigue colapsando. Para colmo de males, la única esperanza que aún le queda de lograr ayuda externa o divina para que se revierta la caída, que sería el fallo de La Haya, también se ha postergado. Por lo que no le queda más que ponerse a trabajar rápidamente en recobrar la confianza de la población que él ha desperdiciado.

En caso contrario, a este paso va por el mismo camino de su aliado y podría caer a un nivel de aprobación de un solo dígito a la mitad de su mandato. Incluso, como la actividad económica sigue aún a niveles relativamente altos, hasta podría batir el récord mundial que logró Toledo de tener una popularidad menor al crecimiento del PBI en algún mes determinado. Más aún, la eliminación de la selección nos ha caído encima en el momento menos indicado, cuando un pesimismo generalizado da la impresión de estarse asentando, con lo cual parecería inevitable que este se siga incrementando en el futuro inmediato.

Por otro lado, y al margen de lo que el Gobierno trate de hacer para revertir en el corto plazo la caída en las expectativas de la población, un buen manejo del fútbol es fundamental ya que ese deporte ha tomado el lugar que tuvieron las victorias militares como fuente de generación de orgullo de los ciudadanos. Las imágenes del paseo de los equipos campeones en Cibeles o Picadilly reemplazan a las legiones retornando victoriosas y marchando por el Campo de Marte romano. Con lo cual debería de ser un objetivo nacional el tener equipos deportivos de talla mundial, mientras en el caso específico del fútbol eso requiere que los administradores sean los adecuados.

En realidad, parece desde todo punto de vista desproporcionado que 30 millones de peruanos estén hoy decepcionados y que la frustración la vengan arrastrando desde hace 30 años debido a que un pequeño grupo de dirigentes se ha entornillado. El fútbol se ha convertido en uno de los más grandes negocios a nivel mundial, pero los encargados de dirigirlo siguen siendo elegidos por un cerrado club de allegados como lo era hace 100 años, cuando cada uno, voluntariamente, se pagaba todos sus gastos.

En todo caso, debemos ir planeando para el próximo Mundial, y lo primero que se debe hacer es recuperar a la federación a fin de que sus dirigentes trabajen para el interés nacional en lugar de estar obsesionados con no soltar sus lucrativos cargos. Sin duda, un equipo de fútbol exitoso levantaría el optimismo del peruano.