Carlos Parodi
Carlos Parodi

Si las economías de los países se evaluaran solo por los indicadores macroeconómicos, sin duda la peruana estaría entre las mejores del mundo. Se espera un crecimiento para este año de 3.6% a 3.8% (el más alto de la región), una inflación de casi 2% (dentro de la meta del Banco Central), un cociente de deuda pública entre PBI cercano a 20% (en EE.UU. es 100%), un tipo de cambio estable respecto a la mayoría de economías emergentes, una trayectoria de disminución del déficit fiscal, etc. ¿Qué pasa entonces?

Primero, al ciudadano poco le importan esas cifras pues no siente que se conecten con su calidad de vida. Coméntele a cualquier persona que el hecho de que el PBI suba es una buena noticia y se reirá. Los ciudadanos vemos otras cosas, como la situación de la educación y salud públicas, la inseguridad, el tráfico, la falta de agua potable, etc. Eso es lo que tiene que mejorar. ¿Y para qué deberían servir las buenas cifras macroeconómicas? Entre otras cosas, para financiar el gasto público que mejora la calidad de vida. Y esto no ocurre.

De ahí que la fortaleza macroeconómica sea una condición necesaria, pero no suficiente para el bienestar de cada ciudadano. Sin mejoras en el marco institucional, no mejorará la calidad de vida. De lo que se trata es que el Estado cumpla con su tarea que aparece en la Constitución. En las circunstancias actuales, el tema parece olvidado. No se habla de reformas económicas ni en aquellas relacionadas con la forma como el Estado cumple con sus funciones. A todos nos parece correcto que todos los corruptos sean castigados, pero por momentos parece ser lo único (basta leer las redes sociales). Y sin mejorar lo otro, no veremos mejorar la calidad de vida de todos. Tendríamos que darle la misma prioridad.

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