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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Va a sonar temerario, pero me quedan pocas dudas: este pasará a la historia de nuestro país como uno de los gobiernos más turbios y desvergonzados que hemos conocido.

Hace semanas que distintos medios y expertos alertan de las serias deficiencias de los tres grandes proyectos aprobados y otorgados en tan sólo cinco semanas por montos exorbitantes: más de US$15 mil millones (y que pueden terminar en el doble o el triple). Han cuestionado no sólo la celeridad, sino también la manera en que se han entregado los proyectos: sin información completa, casi a dedo a postores únicos y sin brindar tiempo para explicaciones. Y a pocos parece preocuparle.

Lo de ayer con el Gasoducto del Sur, sin embargo, ha sido el puntillazo final. Lo que preocupa ya no es el proyecto, ni los recursos, ni los personajes involucrados, sino el desparpajo con el cual avanza el gobierno. Viene a decirnos, en resumen, que ellos mandan y que, te guste o no, así hacen las cosas.

Y así siguen adelante. El gobierno de la "honestidad para hacer la diferencia" se ha dado el lujo de –bajo todos los reflectores prendidos– sacar el más grande proyecto desde Camisea con postor único. No se conoce el trazado, no se conocen las condiciones, ni el financiamiento, ni la oferta ni la demanda de gas, ni nada.

Nos cuentan que el proyecto servirá para desarrollar el sur del país, que esto generará puestos de trabajo y crecimiento, que el gobierno está alineado con los intereses del sector privado. Esos, ya lo sabemos, son cuentos. Acá el fin no es ni por asomo el bien común, menos aún el desarrollo nacional. Ya hemos vivido gobiernos similares para creernos esa novela.

El problema central es el siguiente: ¿cómo harán para protegerse después del 2016 los que en este gobierno están beneficiándose con estas jugarretas? Piénsenlo, y verán que la cosa es más grave de lo que parece.

¿A qué apuesta este gobierno para mantenerse a salvo el próximo quinquenio?