Familias democráticas

"El gran problema con todas estas manifestaciones contra el concepto de “familia democrática” es que sus críticos parecen no entender qué significa".

Familia

(USI)

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Óscar Rosales
Óscar Rosales

Cuando estaba en primaria, alguna vez en mi colegio nos hablaron sobre los distintos tipos de familia. Como estudié en un conocido colegio católico, nunca se nos habló de un modelo de familia distinto del heterosexual. Sin embargo, sí nos dijeron que existían familias “democráticas”, “autoritarias” y “permisivas”. En líneas generales, las democráticas eran las familias en las que los padres se escuchaban entre ellos y oían a sus hijos; las autoritarias donde el padre imponía su parecer; y las permisivas las que dejaban a sus hijos hacer lo que se les diera la gana.

Este pequeño recuento viene a colación porque de manera bastante peculiar, algunos grupos conservadores locales se han indignado porque el gobierno publicó un decreto legislativo en el que utiliza el término “familia democrática”. ¿Qué es una “familia democrática? El propio decreto lo explica: una familia en la que se consideren las necesidades e intereses de todos sus miembros "propiciando relaciones igualitarias, inclusivas, respetuosas y libres de violencia".

Aunque la definición anterior sea inocua, algunos grupos como Padres en Acción ‒los mismos que demandaron el currículo 2017 del Minedu‒ han asegurado que “la familia no es democrática” y que Vizcarra busca “destruir a la familia”. El cardenal Cripiani también se ha pronunciado preocupado y ha dicho que el gobierno está realizando “un pequeño contrabando” ideológico. Según él, las familias no son democráticas porque sus miembros no votan por quién va a ser el papá o la mamá.

Incluso un grupo de congresistas ha enviado una carta al presidente Vizcarra expresando su malestar por la inclusión del término “familia democrática”. Según Julio Rosas, Edwin Donayre, Juan Carlos Gonzales, Nelly Cuadros, Yeni Vilcatoma, Pedro Olaechea, y otros, hablar de "familia democrática" no fortalece la unidad familiar, sino que reduce a la familia "a un espacio donde una mayoría, avalada por el Estado, prime sobre la autoridad de los padres".
El gran problema con todas estas manifestaciones contra el concepto de “familia democrática” es que sus críticos parecen no entender qué significa. Si uno lee la definición ofrecida por el gobierno, la verdad es que difícilmente pueda encontrar algo negativo o condenable. Más aún, el concepto de familia o crianza democrática viene siendo utilizado hace décadas en educación y que no es producto de ninguna “ideología de género”. Tampoco es parte de un plan para destruir la familia. Es un concepto tan influyente y aceptado que incluso me lo enseñaron en un colegio católico.

En una interesante revisión de la literatura académica (ver: https://goo.gl/7WmTsf), tres educadores de la Universidad de Oviedo definieron de la siguiente manera a los padres de familias consideradas democráticas: “Los padres autoritativos o democráticos (authoritative discipline) intentan dirigir la actividad del niño imponiéndole roles y conductas maduras, pero utilizan el razonamiento y la negociación”. No puedo hablar por ustedes, pero yo no creo que esto signifique que en una familia democrática los padres carezcan de autoridad o los hijos hagan lo que deseen.

En realidad, el concepto de familia democrática implica un tipo de crianza más horizontal que el autoritario y se caracteriza por priorizar la conversación, el afecto y el ofrecimiento de razones. Obviamente no se va a someter a votación democrática quién es “la mamá”, pero los miembros de una familia pueden decidir en conjunto a dónde viajar, cómo repartirse las tareas del hogar o los padres pueden explicar el porqué de las normas en vez de simplemente recurrir a la punición.

Por supuesto, nuestros congresistas o el cardenal no tienen necesariamente que conocer sobre estos temas. Es más, el concepto de familia democrática ‒que tiene distintas propuestas de implementación‒ puede incluso ser criticado. Sin embargo, es preocupante que hablen con tanta seguridad desde el desconocimiento o que critiquen algo por lo que no es. Sobre todo tratándose de un concepto tan difundido y cuyo significado puede ser fácilmente encontrado luego de una pequeña investigación por Internet.
En vez de perder el tiempo discutiendo si promover la familia democrática va a “destruir la familia”, deberíamos debatir si este es el mejor modelo y como implementarlo adecuadamente. Por lo pronto, yo puedo decir que los autores previamente citados han encontrado evidencia de que las familias democráticas son “las más favorecedoras del ajuste social y familiar del niño” y las que mejor permiten “proporcionar una adecuada seguridad emocional y autoestima en el mismo”. ¿No eso acaso lo que queremos?

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