El extremo de Gagó

"Hay que ser bastante miope para sugerir que el único tipo de familia válido es el compuesto por un hombre, una mujer y sus hijos".

Julio Gagó

(Perú21)

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La campaña electoral por el municipio de Lima está por terminarse y esta nos deja, como todas las elecciones anteriores, con un sabor amargo en la boca. Sin embargo, en esta contienda en particular hubo un recurso que parece haber sido el favorito de los asesores de campaña de algunos candidatos y que ha aportado a esta sensación adversa: apelar a los extremos.

Esta herramienta surge, qué duda cabe, como una alternativa a las propuestas sesudas y a las soluciones meditadas y le presenta a ciertos grupos de la ciudadanía la promesa de realizar (o por lo menos avocar) por alguno de sus más bajos deseos. Así se explica, por ejemplo, la actitud de Ricardo Belmont hacia los venezolanos, la propuesta de toque de queda a los menores de edad por Enrique Ocrospoma y la idea de sacar a las Fuerzas Armadas a la calle planteada por Renzo Reggiardo.

Pero el más reciente, y tanto o más lamentable que lo hecho por los otros candidatos, es el caso de Julio Gagó, que en el último debate decidió inclinarse por el discurso homofóbico para tratar de conseguir los votos de los sectores conservadores de la ciudad. El candidato acusó al presidente Vizcarra de promover “la familia gay” y cerró su intervención diciendo “con nuestros hijos no te metas”, en clara alusión al grupúsculo pacato que se enfrenta al currículo nacional.

Con este esfuerzo el candidato Gagó parece pensar que podrá compensar por lo que ha sido, de su parte, una campaña bastante tímida, haciéndose, al último minuto, de las simpatías de aquellos que sintonizan con este mensaje. Pero la verdad es, justamente por lo tardío de su perorata homofóbica, que todo se sintió un poco forzado.

Pero más allá de lo mal que el señor Gagó ejecutó el recurso de apelar a los extremos, está el hecho de que haya decidido usarlo desde un principio y lo que esto dice de él como político. Una persona que busca marginar a un grupo con el ánimo de buscar el apoyo de otro, tiene más vocación de gestor de intereses que de servidor público y, así, se posiciona como una pésima opción para la alcaldía de Lima.

En esa misma línea cabe mencionar, más allá del interés político que lo inspiró, lo absurdo de lo dicho por el candidato de Avanza País. Hay que ser bastante miope para sugerir que el único tipo de familia válido es el compuesto por un hombre, una mujer y sus hijos. Esto no solo por la innegable existencia de familias de padres del mismo sexo, sino por cualquier familia que no se acerque la estructura “natural” que reclama Gagó –pensemos en familias de abuelos que crían a sus nietos, de padres solteros, e incluso de grupos de religiosos que viven sus vidas brindándose apoyo y compañía.

Así las cosas, nos toca, como ciudadanos, estar vigilantes de aquellos candidatos que usan el odio como moneda política en los procesos electorales. Ejemplos de esto han sobrado en esta campaña y el señor Gagó es solo un miembro más de una lamentable lista de populistas.

*Esta es mi última columna en Perú 21, agradezco a Mijael Garrido- Lecca por la oportunidad y a ustedes por su amable lectoría. Las despedidas duelen pero hoy me toca concentrarme íntegramente en mis nuevos proyectos. ¡GRACIAS!*

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