Exhibiciones que no reconcilian

“Esto no puede ser una competencia de museos, o de alamedas. Ello solo nos aleja más de la reconciliación a la que aspiramos y que merecemos”.

LUM es una muestro que te invita a no olvidar y no repetir (Perú21/Nancy Dueñas)
Editorial Perú21
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Los museos de la memoria son espacios de reflexión acerca de hechos bochornosos y luctuosos que manchan la historia de un país y también lo dividen, pues incluyen el recuento y la condena a acciones de represión por parte de aparatos estatales, en un discurso opuesto a las historias oficiales de quienes estuvieron en el poder.

Los desencuentros y polémicas en torno al Lugar de la Memoria, en el Perú, no han sido exclusivos de nuestro país. Espacios similares hay en diversos países donde las guerras y los conflictos causaron heridas de tortura y derramamiento de sangre, de abusos e injusticias, de ataques y emboscadas. Algunos son el de la Memoria en Santiago de Chile, el del holocausto en Berlín o el del Apartheid en Sudáfrica.

La construcción de un espacio de memoria es un ejercicio de historia, una búsqueda de la verdad en aras de justicia, pero también de perdón y sobre todo de reconciliación. Y en la búsqueda de esta no puede haber una versión más importante que otra.

La distancia en el tiempo da la perspectiva necesaria para la reflexión acerca de los hechos que se recogen y el discurso que se elabora al implementar esos espacios que también son un legado.

El anuncio que hizo el presidente del Congreso, Luis Galarreta, de que inaugurará un parque temático para la memoria de los caídos por el terrorismo –obra que licita la Municipalidad de Lima con el nombre de Alameda de la Reconciliación–, ha sido planteado como la alternativa al Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM). Que él lo informara, ha dado pie a tomarlo como el parque con la versión fujimorista de esa parte de la historia.

La exhibición permanente del LUM y algunas de sus muestras temporales han generado reiteradas polémicas, las que per se no invalidan la propuesta; sin embargo, evidencian que hay sectores que sienten que hay un tratamiento parcializado. Claro que esto tampoco puede dar lugar a convertir en héroes a quienes estuvieron bastante lejos de serlo.

Esto no puede ser una competencia de museos, o de alamedas. Ello solo nos aleja más de la reconciliación a la que aspiramos y que merecemos.

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