Sunat
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Hoy los corruptos apestan. Mañana serán los evasores tributarios. El corrupto paga por obtener irregularmente una obra donde ganará más o compra un beneficio que no le corresponde.

La corrupción escandaliza por ofender la ética y la moral. Sin embargo, financieramente, es un vulgar robo del dinero público, que es de todos. Igualito que quien evade impuestos.

Hay una evasión delictiva, que aún no está en la agenda política. Debieran escandalizarnos también el contrabando, la tala ilegal de bosques, la extracción ilegal en la minería o la pesca, que contaminan; el narcotráfico, que mata. Debieran escandalizarnos porque todos son delitos, porque proporcionan el dinero sucio para la corrupción, porque al ser rentables, ilusionan falsamente y desalientan el trabajo honrado. No pagan impuestos y no esperemos que lo hagan. Se tiene que erradicar estas actividades.

Hay otra evasión, a mitad de camino entre lo ilícito y el delito. Son las economías informales. Ya pasó la hora de sentirnos orgullosos de los emprendedores, de aceptar que construyeron su riqueza a punta de sacrificios, de sentirnos culpables porque el Estado nunca les dio nada.

Estamos frente a una segunda o tercera generación que se beneficia de la inversión pública, de la apertura de mercados, de la estabilidad monetaria. Ya toca que paguen impuestos.

Hay otra evasión cotidiana. No declaramos todo lo que ganamos, pedimos rebajas para no reclamar facturas, convertimos consumos personales en gastos de la empresa.

La Sunat está recibiendo facultades que utilizará para cambiar las conductas, a las buenas o a las malas. Sin embargo, como todo lo fundamental, no se avanzará si no existe un apoyo político, fuerzas policiales disponibles e indignación popular. ¿Piteamos para que los evasores paguen sus impuestos? ¿Los pagaremos nosotros mismos?