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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

El presidente norteamericano ha respondido que debe incluirse la puesta en marcha de la paralizada administración pública, y que no está dispuesto a negociar la reforma de salud, origen y fuente de la actual desavenencia.

Al cierre de esta nota queda claro que los republicanos saben que mostrar una voluntad negociadora, en estas circunstancias de caída de su popularidad, les hace mejorar algo su imagen. Obama, consciente de esto, tampoco puede aparecer intransigente, aunque mantenga su posición inicial sobre la reforma símbolo de su gestión. Dicho de otra manera, aunque se entreabre la puerta de una posible negociación, las posiciones primigenias se mantienen, por ahora, incólumes.

Los republicanos no aceptan aún la nueva derrota que les propinó Obama en las presidenciales del 2012. Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, afirma que, además, los líderes conservadores republicanos son "ideológicamente extremistas" y "profundamente incompetentes" (Gestión 9.10.13).

Guiados por su extrema derecha, aglutinada en torno al Tea Party, los republicanos pretenden traerse abajo, vía el cierre de los recursos presupuestales, una reforma que permitiría dar cobertura de salud a 48 millones más de estadounidenses. La reforma fue aprobada por el Congreso en 2010 y avalada por la Corte Suprema en 2012.

El panorama se ve bien reflejado en un párrafo del escritor norteamericano Gore Vidal (La invención de una nación), quien, recogiendo afirmaciones de Benjamin Franklin sobre la Inglaterra de 1873, afirma que sus palabras describen acertadamente a los EE.UU. de 2003: "'un país grande y dichoso' antaño, que se está desgarrando por culpa de la avaricia y la ambición mientras nuestros 'intereses privados confunden a los asuntos públicos´".