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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Ello por la obsesión que tienen con la reelección conyugal que, sin duda alguna, va a deteriorar la segunda mitad de su mandato.

Más aún, la vorágine del poder a veces no les da tiempo para reflexionar y evitar caer en los errores que otros cometieron en el pasado. Recordemos cómo el segundo gobierno de Fujimori literalmente se desplomó debido a la obsesión por buscar la reelección. Al final, un asunto tan conflictivo ahoga la capacidad creativa de cualquier régimen, impide cualquier consenso y absorbe toda la atención. Con ello, el Gobierno terminaría inevitablemente convirtiéndose en monotemático y en un fracaso garantizado.

Además, da una impresión de precariedad institucional, que es una pésima señal frente a la imagen de estabilidad en las reglas de juego que el país ha dado los últimos años. Por lo que cualquier intento de reelección afectaría seriamente la inversión y con ello desaparecería la sensación de bienestar en el electorado, ya que no habría nuevos puestos de trabajo.

Por otro lado, la candidata en cuestión es joven, por lo que no debería de estar desesperada con la próxima elección. Tiene todo el tiempo del mundo para esperar hasta el 2021, que es cuando realmente le corresponde postular. Incluso, si descartara de una vez por todas la idea de candidatear –la excusa que nadie le creería es poco imaginativa–, se podría realmente abocar a dejar una marca real. Ella podría coordinar formalmente los sectores sociales –que hasta ahora son mucho ruido (y gasto) pero pocas nueces– y lograr efectivamente que den resultados. De esa manera, su paso por el Gobierno sería recordado y ya tendría buena parte del camino de retorno asegurado.