Roberto Lerner
Roberto Lerner

Hacia el primer año, los bebés se dan cuenta de que objetos y personas tienen una existencia independiente, pero pueden representárselos. La noche es un momento en el cual se separan de la realidad y se enfrentan con algunas de las imágenes sobre ella.

Vienen las pesadillas, sueños desagradables que ocasionalmente tenemos. Los bebés generalmente gritan y lloran hasta que alguien viene y los calma. Los chicos en edad preescolar habitualmente lloran y corren hacia el dormitorio de los padres. Los mayores se dan cuenta de lo que significa una pesadilla y son capaces de volverse a dormir.

¿Cómo manejarlas? Reconfortar y apoyar. Explicar que ha tenido un sueño malo, sentarnos a su lado hasta que se calme, y ofrecerle dejar la puerta del cuarto abierta y, eventualmente, una pequeña lámpara prendida.

Hablar sobre la pesadilla en el día, recordar algunos de los contenidos a los que se refirió durante la noche, de manera que pueda rememorarlos. Si son sueños típicos —caer o ser perseguido—, decir que muchos chicos y grandes los tenemos. Si es un sueño desagradable que se repite, sugerir inventar un final feliz e introducir elementos que ayuden, como varitas mágicas y lámparas maravillosas.

No está de más proteger a nuestro niño de películas y espectáculos que atemorizan. Las películas de terror deberían ser evitadas antes de los 13 años, y entre esa edad y los 17, considerar la sensibilidad particular de nuestro hijo o hija antes de tomar una decisión. Los miedos que producen en ciertos chicos las películas de terror pueden durar mucho tiempo.

Las pesadillas, entonces, son una parte de nuestro paso por la noche y el soñar. Como siempre, se trata de ponerlas en su contexto y prestar nuestras palabras y nuestro apoyo para que no pasen de ser sueños desagradables.

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