Roberto Lerner
Roberto Lerner

La primera fue seguir las ceremonias alrededor de la muerte del senador McCain. Veterano de una guerra que mi generación concibió como los Ewoks el enfrentamiento entre Luke y el Imperio. Fue un político profesional, digamos tradicional. Orquestó sus exequias como un testamento.

George Bush hijo y Barack Obama le hablaron, resaltando en el finado todos los valores —desde esquinas opuestas— que han desaparecido del escenario político. Siendo el primero heredero de abolengo y el segundo, accidente de la historia, ambos hicieron hincapié en una humanidad defectuosa pero corajuda, libre y comprometida.

Me impactó de manera especial lo que afirmó el presidente de quien el ocupante del féretro fue adversario: “Luego de que todo había sido dicho en una discusión entre nosotros, ambos teníamos claro que estábamos en el mismo lado”. ¿Pueden afirmar lo mismo los principales actores de la política peruana? ¿O mientras se entierra a un hombre de bien se van, como hizo el advenedizo que ocupa hoy la Casa Blanca, a jugar golf?

La segunda ocurrió en una farmacia Walgreens cualquiera. Me acerqué a pagar lo comprado. “No, no tengo tarjeta de cliente frecuente, soy turista”, dije. “Ah”, contestó la empleada en un español impecable, “pero le puedo hacer el descuento”. Sugerí: “¿Y por qué no introduce su número y se lleva los puntos que yo ganaría?”. “Es que eso no funciona así”, respondió.

Estar en el mismo lado, a pesar de las diferencias y que todos hagan funcionar las cosas como se debe, es lo que falta en el Perú.

Tags Relacionados:

Estados Unidos

Roberto Lerner

Ir a portada