(Joel alonzo/@photo.gec)
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El clamor sobre el retorno de los escolares a las aulas que viene ventilándose y extendiéndose en las redes sociales, merece la inmediata atención del Gobierno pues no se trata solo de un hashtag pasajero que, como tantos otros, queda luego en el olvido. No solo porque el propio Consejo Nacional de Educación se ha sumado: estamos hablando de una preocupación legítima y real de las familias peruanas.

Según cifras de Unicef, en el Perú solo el 4.4% de estudiantes asiste a clases presenciales, ocupando el último lugar entre los países de la región sudamericana que han comenzado a restablecer la asistencia a las aulas y los colegios. Ello pese a que un gran porcentaje de profesores de todo el país –más del 80%– ha recibido las dos dosis de la vacuna.

El impacto que la pandemia y el cierre de las instituciones educativas ha tenido en los estudiantes y la calidad de la educación es enorme en todos los sentidos: aprendizajes (las pruebas Pisa no tardarán en demostrarlo), desarrollo emocional, habilidades sociales, muy aparte de los eventuales traumas que las privaciones y el encierro han dejado en casos extremos, específicamente en los sectores más vulnerables, donde la mortalidad de la plaga tuvo mayor incidencia.

La sensación generalizada es que el Ministerio de Educación poco o nada está haciendo por planificar este urgente retorno a lo presencial en los colegios peruanos, con las garantías sanitarias que permitan hacerlo, pues hasta el momento el laconismo del ministro Carlos Gallardo ha sido roto únicamente para dejar en claro que está en contra de las evaluaciones periódicas a los maestros como condición para que sean contratados o ascendidos. Es decir, el objetivo de su gestión es netamente sindical. Contra la meritocracia.

Y de los niños, de los escolares, nada se oye hasta ahora. Ni siquiera del presidente Castillo, que también es maestro. Cero propuestas o estrategias para ese retorno a clases, aparte de un anuncio a la volada de la Premier Mirtha Vásquez. De ahí que, a la salida de Barranzuela, debe seguir la del ministro Gallardo, y en su reemplazo designar a un profesional que se enfoque en lo realmente prioritario para el país y para todo maestro: nuestros estudiantes.

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