“No sabemos cuándo, pero es seguro que se perderán miles de empleos”. (Foto: GEC)
“No sabemos cuándo, pero es seguro que se perderán miles de empleos”. (Foto: GEC)

Las últimas semanas han estado impregnadas de una violencia incomprensible en un sector en el cual cualquiera podría medir la gran mejora respecto a épocas anteriores: la agroexportación.

Pocos niegan que la explotación que había originado la reforma agraria desembocó en el fracaso y la miseria de los agricultores en el Perú, a pesar de ello se había logrado reconstruir un sector pujante, moderno y con importantes mejoras para los trabajadores. Sin embargo, así de repente, todo está a punto de caer. No sabemos cuándo, pero es seguro que se perderán miles de empleos.

Por su lado, los agricultores reconocieron que habría un grupo productor que no cumplía las condiciones requeridas y que, sin embargo, “se limpiaban en el camino”; algo relativamente fácil de corregir, pero la violencia ya había asumido el liderazgo de la protesta y los justos reclamos se veían perdidos entre el deseo de destrucción. ¿Podría haberse evitado?

Mis incursiones de compras navideñas me llevaron a los centros comerciales y tiendas por departamento, donde descubrí que, en lugar de dar vueltas, puedo pedir que me laven el auto a un precio que considero alto y me obliga a preguntar por qué.

¿Sabía usted que esos señores que le lavan el auto le cobran más porque ellos deben pagar al comercio entre 80 y 120 soles (según mi encuesta) por el derecho de dar el servicio?

No quiero escuchar explicaciones económicas. Las conozco. Lo que no entiendo es la parte psicológica y social de por qué a los empresarios les falta empatía, especialmente en estos momentos.

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