El Estado equivocado

“La oposición a la gran minería liderada por sectores de izquierda ha generado un incentivo perverso para la proliferación de mineros informales e ilegales”.

Maria Cecilia Villegas
Maria Cecilia Villegas

La regulación puede generar incentivos para hacer empresa. Un ejemplo es la regulación para la formalización minera. Sin embargo, la falta de supervisión hace que esas oportunidades se desperdicien.

La oposición a la gran minería liderada por sectores de izquierda con claros intereses políticos ha generado un incentivo perverso para la proliferación de mineros informales e ilegales. Cuando se impide la gran minería, esa que es formal, cumple con estándares ambientales, paga impuestos y genera puestos de trabajo con seguridad; se abre la posibilidad a la invasión de la concesión minera por aquellos que se encuentran fuera de la ley.

Manhattan es el caso emblemático que inicia el gran negocio de la antiminería en el Perú. En 2002, el 98% de los pobladores de Tambogrande, liderados por antimineros, prohibieron la explotación minera en la zona. Ello al considerar que la minería y la agricultura no pueden desarrollarse al mismo tiempo. 18 años después de haber expulsado a la Minera Manhattan, los líderes antimineros no han podido cumplir sus promesas: no hay desarrollo económico ni mejores condiciones de vida. La actividad agrícola no se ha desarrollado de manera organizada y presenta serios problemas. Más aún, Piura es tierra de nadie plagada de minería informal e ilegal. Sin respeto por la normatividad vigente, sin importar el medio ambiente o la salud y seguridad de los trabajadores mineros. Donde abunda la explotación sexual de mujeres y niños.

¿Sabe cuál es la ocurrencia de accidentes fatales en minería informal? No existe registro, y de haber cifras, estas no son confiables en la medida en que lo que ocurre en una labor se queda en una labor. No sé si me dejo entender.

Para poder tomar ventaja de las oportunidades que existen hoy en pequeña y mediana minería formal, necesitamos que el Estado, en lugar de concentrarse en roadshows exclusivos para grandes empresarios extranjeros, se ocupe de los empresarios nacionales. Identifique oportunidades, muestre la simplificación de procesos de formalización y el acompañamiento que las distintas instancias del Estado pueden brindar. Supervise el cumplimiento de las normas y revierta los permisos de quienes no cumplen con la ley. Pero para ello necesitaríamos que el Minem entienda al empresario, conozca las oportunidades y el campo. Necesitamos también una lucha frontal contra la pequeña corrupción, esa que ocurre diariamente en las instituciones del Estado que para cumplir con sus obligaciones exigen “financiamiento”.

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