(GEC)
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No es anecdótico o menor, por ello, que en esta segunda vuelta tengamos a un candidato que, cada vez que le preguntan por su equipo técnico, responda con bravatas o evasivas ridículas tipo “esas son cosas del pasado”. Lo más probable, como no pocos apuntan, es que no exista ese equipo, pues la mayoría de sus propuestas, al decir de los especialistas, son inviables. ¿Qué profesional serio se atrevería a respaldarlas o sustentarlas con un mínimo de coherencia?

Y lo que es peor: no contar entre sus filas con profesionales capacitados para sustentar los proyectos o promesas que se lanzan alegremente en plazas públicas y minimizar la importancia de esos equipos técnicos ante la prensa tiene un significado inequívoco.

Es decir, de llegar al poder, en los puestos decisivos de su gobierno –allí desde donde se adoptan medidas sobre asuntos específicos que atañen directamente al bolsillo de los peruanos– Pedro Castillo probablemente se limitará a poner a los militantes de Perú Libre que designe su jefe, Vladimir Cerrón. No importa si están capacitados o no para desempeñarse en cargos tan especializados, tal cual ocurre en gobiernos totalitarios, en los que el carné partidario pesa más que cualquier trayectoria profesional.

Los equipos técnicos permiten a la ciudadanía conocer quiénes estarán detrás de los cambios prometidos, qué nivel de preparación tienen y poder definir así la credibilidad de cada plan de gobierno, ya que serán estos especialistas los encargados de implementarlos.

Con la programación de los debates del JNE, ya no hay excusa que valga. Sabremos quién es quién y cómo harán posible tanta promesa, sea en la tienda de Perú Libre como en la de Fuerza Popular.