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Se veía venir…

“La génesis (de la Ley Mulder) arranca con Humala, que infló descaradamente la publicidad estatal, la que pasó de su promedio histórico de alrededor del 17% de toda la torta publicitaria a cerca de un 25%”.

Yonhy Lescano y Mauricio Mulder protagonizaron un intercambio de insultos, gritos y acusaciones en el Congreso. (Captura/Canal N)

Yonhy Lescano y Mauricio Mulder protagonizaron un intercambio de insultos, gritos y acusaciones en el Congreso. (Captura/Canal N)

Aldo Mariátegui
Aldo Mariátegui

No me sorprende que ayer haya avanzado así la Ley Mulder, la que ciertamente es excesivamente draconiana y nos friega a todos por los excesos de algunos. La génesis arranca con Humala, que infló descaradamente la publicidad estatal, la que pasó de su promedio histórico de alrededor del 17% de toda la torta publicitaria a cerca de un 25%. Parte fue gasto normal, parte fue dádiva fea y usual para anestesiar críticos, pero una parte muy grande fue para financiar mastines, que atacaban implacable y machaconamente con portadas diarias solo contra determinados personajes políticos, con meses enteros en cartelera. Le advertí públicamente y varias veces al gremio que eso debería ser condenado y detenido, no solo porque esa corruptela estaba mal, sino porque también estaba generando resentimientos, que algún día nos cobrarían. Pero todo fue silencio, pues estaban felices con el chorro de publicidad estatal humalista. Luego vino la cochinísima campaña electoral de 2016, donde no solo hubo un valetodo mediático, sino que hasta se emitió un reportaje televisivo con una acusación gravísima y sin pruebas, que fue decisiva para el resultado (y jamás, jamás hubo una disculpa o un mea culpa). Y siguió después el derroche (tampoco defendamos al mercantilismo, ni que tantos medios deban ser tan dependientes de la publicidad estatal: no pago tantos impuestos para que Mohme exista), acompañado de una incesante e intensa satanización contra ciertos sectores políticos y de una obsesión por agarrar de piñata eterna al Congreso. Nadie niega que este no deja de embarrarla y que se merece su impopularidad, pero este tiro al blanco de buscarle un defecto diario o semanal, el que sea, ha sido monotemático y crispante. En lugar de reglamentarse la buena ley actual, nos terminaron “dando el vuelto”.

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