Alejandro Toledo se pasó de copas y acabó preso tras armar un escándalo. (GEC)
Alejandro Toledo se pasó de copas y acabó preso tras armar un escándalo. (GEC)

Tras esta penosa y breve detención de Toledo en USA por beodo, no puedo menos que llegar a la conclusión de que el Perú es la democracia más perfecta e igualitaria del planeta: cualquiera, pero que cualquiera, puede ser presidente o congresista. Aquí no vengan con que son cargos que solo ocupan élites, algún “establishment” o los políticos de algún partido sólido y que por eso están cerrados a las mayorías: Fujimori (padre), Toledo y Humala son el mejor ejemplo de que cualquier aventurero desconocido puede acceder al sillón de Pizarro. Y no son marcianos: nuestros presidentes y políticos reflejan perfectamente al ciudadano promedio en su pendejada, vicios, desorden e improvisación. Fujimori sería más metódico (e inescrupuloso), Toledo más cosmopolita (y vicioso) y Ollanta más discreto (pero el menos inteligente), pero todos al final resultaron unos grandes criollazos (Gorriti y Vargas Llosa son unos cracks para apadrinar y “garantizar” presidentes, con cosas como Toledo y Ollanta en su haber).

También García refuerza esta impresión de que cualquiera llega al poder en el Perú, pues tras el “Aprocalipsis” (1985-90) no debió salir ni concejal. Y el ya decrépito PPK fue un fruto del azar, con un “partido” armado a la loca y que llegó allí por el antifujimorismo básicamente. La desilusionante Keiko ha demostrado ser nada más que un ama de casa rencorosa. ¿Y qué experiencia vital medianamente interesante puede mostrarnos Verónika Mendoza para dirigir al país? ¿Existe alguien más “light” que Julio Guzmán, con sus repuestas vagas y su sonrisa forzada?

Pericles y Lincoln habrían cambiado esos discursos que definieron a la democracia si hubieran vivido en el Perú. Se habrían quedado cortos frente a esta hiperdemocracia peruana, donde cualquiera, cualquiera puede ser electo.