Hasta papas de Holanda… (Foto: New Century Films)
Hasta papas de Holanda… (Foto: New Century Films)

Ya que Jaime Chincha y mi vecinito quieren idealizar el recuerdo de Velasco, vamos a los fríos hechos: tras la Reforma Agraria (RA), el agro creció solo 0.4% en promedio de 1974 a 1980, pasó de representar el 6% del PBI al 4% (o sea, se redujo velozmente en un tercio menos. ¡Una catástrofe!) y dejó de ser una importante fuente de impuestos. Hubo una fuga masiva y exilio de ingenieros agrónomos y técnicos, mientras se disparaba la migración campesina a Lima, crecieron las importaciones de alimentos (como de azúcar. ¡Y hasta papas, de Holanda!), se evaporaron las exportaciones agrarias (azúcar y algodón), las provincias se empobrecieron, se desplomó la ganadería y se generó una minifundización masiva (un 90% con menos de 10 hectáreas, igual a productividad bajísima). ¡Fue como una bomba nuclear! Lo más irónico es que regresó el latifundio y hoy existen terratenientes más grandes que los Gildemeister.

Resucitar al agro costó más de 30 años. Visto todo esto, hay que ser muy necio o ignorante para defender un experimento tan fallido o para romantizarlo con documentales. La RA no tenía razón de ser en la costa (donde había un régimen normal de jornales y la productividad era buena), pero sí en la sierra por el feudalismo y la baja productividad. En la sierra se podía ir a una fragmentación rápida a base de impuestos a la tierra o a una parcelación inmediata entregándosela directamente a los aparceros. Pero si te duele la cabeza, no te la cortas para curarte, que fue lo que hizo Velasco.

Y eso que la RA frustró a Sendero es otra excusa. Más bien el gamonalismo habría detectado y abortado a Sendero desde sus inicios, que llenó su vacío (concuerdo en eso con Bruno Seminario). Chincha y mi vecinito tendrían que enterarse más antes de soltar sandeces culposas e ingenuas.