Un discurso para el olvido

“El actor no se percata de su rol y de sus tiempos: él es ‘premier’ de un gobierno al que tan solo le quedan 28 meses de existencia y que está más en plan de transición que de nueva administración”.

Salvador del Solar

El presidente del Consejo de Ministros, Salvador del Solar, expuso las políticas de gobierno ante el pleno del Congreso. (Foto: Anthony Niño De Guzmán / GEC)

Un discurso para el olvido. (Foto: Anthony Niño De Guzmán / GEC)

Aldo Mariátegui
Aldo Mariátegui

Es una tontera esta obligación de que cada nuevo presidente del Consejo de Ministros tenga que acudir al Congreso para requerir la “confianza” del mismo, como que estuviésemos regidos por un sistema parlamentarista. Ojalá que la reforma política elimine este y otros usos anfibios (censuras, etc…) que tenemos en este confuso orden semipresidencialista parlamentaroide.

¿Sobre el discurso de “Salvador del Caviar”? No me gustó. El actor no se percata de su rol y de sus tiempos: él es “premier” de un gobierno al que tan solo le quedan 28 meses de existencia y que está más en plan de transición que de nueva administración, con ya un año encima de floja actuación administrativa. O sea, a concentrarse en unos cuantos temas actuales urgentes (seguridad, problemas con la minería y alguna reforma que impacte en la economía de verdad, como la laboral) en lugar de hablar ora como un candidato presidencial, ora como si fuera el presidente, ora como si fuera el “premier” de un gobierno recién electo. Muy ampuloso y “bicentenarista”, con los infaltables guiños caviares (feminismo hasta en el abuso de los géneros, multiculturalismo, el “otro”) de un sujeto tan “políticamente correcto” como es Salvador, que debería leer los artículos que publicaron ayer Abusada y Basombrío sobre lo tremendamente ineficiente y lento que es el Estado peruano y lo tremendamente necesario que es reformar sus procesos antes que tanta “gesta bicenteranista”. Salvador es un buen comunicador para la caviarada, sus amigos artistas y la gentita de la PUCP, audiencia a la que seguramente entusiasmó ayer. Pero no llega al hombre de la calle, al que le interesa más el precio del pollo o que lo asalten o tener chamba que la igualdad de género o que se hable más quechua en la televisión estatal.

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