Conga…

“La tesis central de Cabrera es que H & H jugaron a radicalizar a Santos en las calles para forzar cambiar el estudio de impacto ambiental (EIA), jugada que al final se cargó al proyecto”.

Reportaje recoge la experiencia peruana de Conga. (USI)
Aldo Mariátegui
Aldo Mariátegui

Recomiendo leer el recientemente presentado libro “Conga, cuando Humala y Heredia paralizaron el desarrollo del cinturón de cobre del norte del Perú”, de César Humberto Cabrera, ex funcionario de Yanacocha y ex rojo. En realidad, el libro debería titularse “De cómo la estupidez, la envidia, la mentira, la maldad y la ignorancia hundieron una vez más al Perú”, porque en Conga se dieron esos factores, armas tan recurrentes en nuestra izquierda nacional. La mentira fue que Conga era un proyecto aurífero (“agua sí, oro no”, proclamaba el genio de Humala) cuando es en realidad un proyecto cuprífero. La envidia se generó en la vieja élite de funcionarios públicos de Cajamarca contra los mucho mejor pagados empleados privados de Yanacocha. La ignorancia fue sostener que esas cuatro lagunas alimentaban de agua a la zona, cuando eran cuatro lagunitas muertas (la más grande no superaba las 10 hectáreas). La estupidez fue que hasta ahora no se desarrollan los proyectos cupríferos Conga, Cañariaco, Galeno, Michiquillay y La Granja, que sacarían de la miseria a Cajamarca. Y la maldad se dio en Arana, Santos, las ONG, varios personajillos antimineros locales, el Minam y la parejita presidencial Humala & Heredia.

La tesis central de Cabrera es que H & H jugaron a radicalizar a Santos en las calles para forzar cambiar el estudio de impacto ambiental (EIA), jugada que al final se cargó al proyecto. Cierto es que Cabrera no hace la menor autocrítica a la torpeza comunicacional de Yanacocha; a que el proyecto pudo haber empezado a finales de 2010, antes que suba Humala (crítico de la minería en la campaña) y ganarle la mano y que fueron demasiados confiados en que Santos era un pragmático.

La lección: rojo es rojo y siempre solo sirven para joder. Nada más.

Ir a portada