Bulla con Gabriela, silencio con Lesly

“La Rosa debería irse a su casa, porque lo que ha hecho es mil veces peor que las metidas de pata del defenestrado ministro Córdova: una democracia no puede tolerar reflejos fascistoides en sus ministros”.

LUM es una muestro que te invita a no olvidar y no repetir (Perú21/Nancy Dueñas)
Aldo Mariátegui
Aldo Mariátegui

El doble rasero eterno: harta chilla izquierdista cuando suspenden (no botan) a la funcionaria Gabriela Eguren del LUM, pero silencio sepulcral izquierdista (¡La República ni una línea!) cuando la ministra Liliana La Rosa le pide la renuncia a la funcionaria Lesly Shica por haber criticado en un foro web a la congresista Foronda y su abominable decisión de contratar a una emerretista como asesora congresal. Claro, la congresista Foronda es del Frente Amplio y la ministra La Rosa integró al Frente Amplio hasta enero, por lo que es fácilmente deducible que echó a Shica por meterse con el aranismo (los otros dos temas del foro eran Guerrero y Gaza, así que descartamos que la hayan irritado). Como buenos rojos que son, la libertad de expresión es un espejismo burgués para los aranistas, que nunca respetarán cuando les tocan los cuestionamientos a ellos. Y Shica emitió sus opiniones FUERA de los horarios de oficina, mientras que Eguren soltó sus disparates rojicaviares como explicación oficial, en horas de trabajo y como guía. Además, ya la Defensoría ha establecido que un funcionario público es libre de expresar sus ideas si estas no comprometen la confidencialidad de su trabajo y/o procesos estatales en trámite.

Full-disclosure: Lesly Shica no es “empleada” de Madeleine Osterling, mi pareja, como expectoró la acorralada ministra en pueril argumento. Es su asistenta de cátedra. Y eso nada tiene que ver con el fondo del asunto, que es que la aranista ministra La Rosa botó a una funcionaría por criticar a la aranista congresista Foronda. Punto.

La Rosa debería irse a su casa, porque lo que ha hecho es mil veces peor que las metidas de pata del defenestrado ministro Córdova: una democracia no puede tolerar reflejos fascistoides en sus ministros.

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