-Pocas veces he visto a una persona con tan poco amor propio y tan poca dignidad como la ministra de Justicia, Ana Teresa Revilla. Si bien su metida de pata con ese torpe “estoy en modo Navidad” era muy salvable y podría haber permanecido tranquila en el puesto sin levantarse más olas, las humillantes declaraciones posteriores de Vizcarra, que marcó feas distancias y la trató como un estropajo, acompañadas de los bufidos de ese nuevo Leonidas Carbajal –el recordado orador popular de la “Peña Ferrando”– que es el indescriptible premier Zeballos, debieron provocar que les mande directamente a ambos a ya saben ustedes dónde y renunciar irrevocablemente al cargo. ¿Tanto le importan el título, las circulinas, las escoltas y las pompas del cargo? ¿Tan necesitada está de empleo? Ninguna de esas dos cosas pareciese darse. Se le ve una persona sobria y modesta, no se le percibe una ansiosa de poder como su también indescriptible colega Montenegro, mientras que su currículum es lo bastante bueno (aunque centrado casi exclusivamente en el Estado) como para ganarse tranquilamente la vida en otro lado. ¿Entonces, por qué permitir que Vizcarra la humille así? Me imagino que pensará que tras las fiestas todo habrá sido olvidado. Seguramente. Pero sí que es quererse muy poco permitir que te humillen así.

-¿Qué es peor, una linda chica de rango policial menor que usa –indebidamente, por cierto, merece una reprimenda– el uniforme para un baile coqueto o un grupo de generales EP que se ponen grotescamente un mandil rosado encima del uniforme para seguirle la cuerda a una ministra exhibicionista como Montenegro y que quedan como payasos? ¿Con qué autoridad se va a sancionar a la suboficial PNP Jossmery Toledo si los jefes máximos EP actúan así? Si no das el ejemplo, después no te quejes.

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